Baloncesto

Bilbao Basket, los cinco amigos y una servilleta

Aquí somos muy de zapatillas y bata para andar por casa. En sí, eso no es malo, siempre y cuando, claro, no te presentes ante los demás, en situaciones que requieren seriedad y compromiso, de esa facha. Poco más o menos es lo que les ha sucedido a los “cinco amigos” que se juntaron, alrededor de una buena mesa y en una servilleta, decidieron “salvar” al Bilbao Basket.

BILBAO BASKET. UNA HISTORIA TIPICA DE AQUÍ, DE BILBAO DE TODA LA VIDA

Abiertos y campechanos, sellamos nuestros acuerdos con un apretón de manos. Conseguimos el dinero donde haga falta y “firmamos” los papeles con “pactos verbales consensuados”, es decir, en los postres y cuando los efluvios de la comida hacen que nos vengamos arriba y la euforia atiborra nuestra cabeza. No pensamos en nada más. Luego, escenificamos el acuerdo a bombo y platillo, con luz y taquígrafos y todos tan felices y contentos. ¡Vamos! De Bilbao de toda la vida.

Aquí no se hacen estudios, ni informes de viabilidad, ni presupuestos, ni nada que tenga relación sobre como planificar un proyecto estable para el futuro, aquí nos estrechamos las manos, nos fundimos en un abrazo y, si la cosa sale mal, pues no pasa nada, paz y después gloria.

Los políticos también son de Bilbao. Bocazas empedernidos, no tiene rubor ni se ponen colorados, cuando sienten la imperiosa necesidad de llegar a la masa. Entonces se convierten, como por arte de magia en encantadores de serpientes y sacan a relucir todo su repertorio populista para lograr el fin previsto en su hoja de ruta. Frases grandilocuentes les revolotean por la cabeza y nos encandilan como buenas gentes de Bilbao que somos. Es que somos así, nos fiamos de todo el mundo y claro, cuando menos te lo esperas…

BILBAO BASKET, CINCO AMIGOS Y UNA SERVILLETA

Cinco amigos y una servilleta. Este era el bagaje necesario para salvar al Bilbao Basket. ¡Coño, Que no nos hace falta nada más! Nos bastamos y sobramos para sacar esto adelante. Reuniones en hoteles, plagadas de buenas viandas, en comedores privados, con buenos caldos, muchos buenos caldos para ser capaces de pasar este trago salvador y presentarse a escena como quien se presenta al vecino para pedirle un poco de sal.

El apretón de manos. Pacto al estilo de Bilbao.
El apretón de manos. Pacto al estilo de Bilbao.

Cinco amigos y una servilleta que se lanzan al ruedo, a pecho descubierto y con la ilusión por el baloncesto por muleta. El “toro” exigió desde el principio el compromiso serio de que sus embestidas iban a ser atendidas por ese trapo en el que todos creímos desde el principio. ¡Nada hombre! Tranquilos que os vamos a pagar, ya si pero ¿y las garantías? ¿Garantías? ¡Venga ese abrazo chavalote y venga esa mano! ¡Somos de Bilbao, pues!

Cinco amigos y una servilleta que, de repente, descubren que ese nombre no les beneficia y deciden pasar a llamarse “grupo alternativo de gestión”. Así del tirón. Telita con la denominación de origen. Inocente que soy, me creo todo a pies juntillas. Pues parece que esto es serio, parece que las cosas se solucionan y que en cuanto el Consejero Delegado, si, ese que anda desaparecido por Málaga y viste atuendo del Bilbao Basket,  se vaya, todo cambiará. Encandilado e ilusionado con este “grupo alternativo de gestión” que, por fin, parecía que iba a poner cordura y seriedad en un club manejado con aires de grandeza, con huidas hacia adelante permanentes y escondiendo a sus socios y aficionados la verdad de todo este embrollo.

Pero el destino siempre juega malas pasadas y ser de Bilbao tiene sus riesgos. La servilleta, la verdadera clave de todo este asunto, en donde estaban las auditorias, el plan de viabilidad del Club y su futuro más inmediato, junto al que sería el patrocinador, que volvería a hacer grande al Bilbao Basket, se empapó por culpa de las gotas de vino que estúpidamente, un camarero sin cabeza, derramó sobre la mesa.

Adiós a todo. El borrón se fue extendiendo como un tsunami  sobre la servilleta que estaba extendida encima de la mesa. Lentamente todo lo escrito desapareció, se esfumó como por arte de magia y una inmensa mancha convirtió en papel mojado todo lo planificado. Adiós a todo un trabajo bien hecho, adiós a un futuro esplendido, adiós a la sonrisa de cada domingo por acudir a Miribilla, para ver a los hombres de negro, adiós a las noches europeas, adiós al baloncesto en Bilbao.

Cinco amigos y una servilleta. Una historia de aquí, de Bilbao de toda la vida.

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