A bote pronto

Victoria sufrida del Barça

La victoria del FC Barcelona en Pucela no parece que vaya a traer otra consecuencia que el diferimiento oficial de la fecha en que el Real Madrid se proclame campeón.

Quique Setién había convocado solo dieciocho jugadores, dejando cinco plazas libres para liberar a los futbolistas del Barça B que tienen el objetivo del ascenso. Entre ellos, tres porteros. Además del “once”, podían tener opción de jugar el resto de los jugadores de campo elegidos. El técnico siguió confiando a los mismos, con el cambio nominal de Luis Suárez por Riqui Puig.

Esta composición motivó unas mutaciones técnicas y el entrenador recobró viejas ideas que no tuvieron en su día buena acogida en el vestuario. Volvió a un dibujo de 5-3-2 que se convertía en un 3-5-2 al avanzar la posición los laterales. Sergi Roberto se incrustaba en los centrales para crear superioridad numérica, Riqui Puig imprimía un nuevo aire a la medular y Messi y Griezmann eran la dupla que jugaba en punta en espacios interiores.

Mientras el equipo respondió físicamente, la táctica fue exitosa. El dominio del Barça se tradujo en diversas oportunidades de gol ya desde el minuto cuatro cuando Semedo rompe por su banda y el centro es rematado por Riqui Puig y ataja bien Jordi Masip.

El gol que iba a otorgar los tres puntos llega al cumplirse el cuarto e hora en un balón que porfían Messi y Vidal hasta su recuperación. El pase filtrado del argentino lo recoge el chileno en un perfecto control y rematar cruzado al palo largo. Es su octavo gol en liga y el primero que consigue con adecuación previa del balón.

Griezmann fue protagonista desafortunado al errar dos oportunidades de gol. En una por demorar un remate franco y en otra por no recoger una asistencia de Semedo totalmente desmarcado a dos metros de la portería.

Mientras, Mateo Lahoz seguía arbitrando bajo sospecha habitual. Inmediatamente al gol blaugrana, indica una falta, en posición muy peligrosa, a Alba, para desespero del de L’Hospitalet, y en el minuto cuarenta castiga con tarjeta a Lenglet en un lance inocuo pero que atribuye reiteración.

En el segundo tiempo, la decoración cambió al acusar el Barça un desgaste físico alarmante. Corrigió Setién con savia nueva para dar más vigor. El equipo de Pucela tuvo la igualada en sus manos y, de nuevo, se erigió la figura de Ter Stegen, para cerrar a cal y canto su marco.

En los minutos 72 y 77 hubo dos acciones de posibles penaltis en el área local. En la primera, Kiko Olivas, desde el suelo, zancadillea a Luis Suárez y, en la segunda, Piqué es agarrado por la camiseta para impedir un remate. Por menos, le fue señalado un penalti a Busquets en el estadio de Anoeta este mismo curso.

Gerard Piqué le reclamó el penalti al colegiado con vehemencia y reiteración que incluso se prolongó en el tiempo posterior de hidratación. Sin embargo, sería Alba quien se llevaría la tarjeta por esa razón, quedando al descubierto esa asincronismo de jugador y colegiado que ya perdura en el tiempo.

Es curioso que ninguna de estas dos jugadas mereciera la atención del VAR, presidido por  Martínez Munuera, ni el requerimiento de Mateo Lahoz que debió tener claro que no debía pitar penalti a favor del FC Barcelona.

El Barça acabó exhausto, pidiendo la hora y los últimos intentos vallisoletanos fueron estériles. Al final una victoria que prolonga el alirón madridista como mínimo hasta la penúltima jornada en la que los merengues visitan Los Cármenes y los culés reciben a Osasuna, que ha advertido esta jornada sus opciones reales de aspirar a plaza europea.

El diecinueve de julio acabará la liga y el Barça gozará de dos semanas para preparar el duelo de Champions League del Camp Nou frente al Nápoles, donde, partiendo de un empate a un gol en suelo italiano, tratarán los blaugranas de conseguir billete para la improvisada Final Eight de Lisboa. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

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