A bote pronto

Turbulencias en los despachos del Barça

Tiempos difíciles en el entorno del FC Barcelona, acuciado deportiva, económica y socialmente. El último punto álgido del Club data de la primavera del 2015 con la conquista de la Champions League en Berlín que completó el segundo triplete de la historia centenaria del Club.

A partir de ahí, la Entidad se ha precipitado en caída libre y en su deriva se está dejando cadáveres en el camino. Aún con todo, se pudieron ganar las dos ligas con Ernesto Valverde, aunque en Europa nos subieron los colores la Roma, el Liverpool y el Bayern. También el P.S.G. en París, si bien le fue devuelta la moneda en una de las noches más épicas del Camp Nou.

El punto de inflexión se produjo por la intercesión del P.S.G. que rompió el tridente blaugrana al arrebatar Neymar al Barça. Eso sí, dejando en la tesorería blaugrana la friolera de 222 millones de euros que correspondía a la cláusula de rescisión.

Fortuna que los gestores del Club dilapidaron miserablemente con fichajes carísimos como Coutinho, Dembélé o Griezmann, aún vigentes y que no han cubierto expectativas. Todo bajo una presidencia que ha sufrido seis registros distintos en la dirección técnica y cinco entrenadores.

Es el sino de la Entidad. En 1961 el Barça cobró 25 millones de pesetas del Inter de Milán que se llevó a Luis Suárez Miramontes. En la época, era un montante económico muy importante que el Club utilizó para reforzarse con media docena de adquisiciones y el único acierto fue la contratación del recordado y admirado Chus Pereda.

La huida del capitán Luis Figo al Real Madrid dejó al Club 10.000 millones de pesetas en el curso 2000-01, importe que Joan Gaspart malbarató principalmente con los fichajes de Overmans y Petit.

Obsérvese la inflación galopante del fútbol de 1961 al año 2000. En solo 39 años, la cotización del luso fue cuatrocientas veces superior a la de Suárez, que aquel año se le otorgó el Balón de Oro.

En el global del mandato de Josep Maria Bartomeu (2014-2020) los datos han sido buenos, con una Champions League, cuatro ligas, completando tres dobletes y un triplete, en una suma total de trece títulos oficiales. Sin embargo, los éxitos se han ido desvaneciendo en una clara curva descendiente hasta llegar a este último curso en blanco. Para ser justos, habría que reseñar que el Barça comandaba la liga hasta la pandemia y la perdió en la reanudación y con el VAR de bochornoso protagonista.

En el plano económico, la incidencia sanitaria ha conducido a un balance contable deficitario de 97 millones y unas perspectivas negativas ya que el capítulo de ingresos seguirá menguando y los gastos, en consonancia, se han de adecuar a la baja. De ahí esas regulaciones salariales que se anuncian.

Rebajar la masa salarial para que quede homologada en los parámetros reglamentarios ha sido la espada de Damocles que ha condicionado las decisiones. Y desde ese prisma, se han de analizar algunas operaciones que resultan incomprensibles a primera vista.

Prácticamente gratis marcharon Rakitic, Arturo Vidal y Luis Suárez, si bien el Club seguirá pagando parte de las fichas para complementar sus ingresos programados.

La transferencia que ha causado más estupor es la de Rafinha (Rafael en el fútbol francés por voluntad del futbolista). En plena madurez deportiva, a sus 27 años, se dejas ir gratis al P.S.G. para ahorrarse la ficha anual de ocho millones de euros.

Duele este “favor” a un rival directo, que ha opuesto muchas zancadillas para operaciones de signo contrario. Quedó de manifiesto en los últimos años, en el intento de fichar a Marquinhos, Verratti o Rabiot o de recuperar a Neymar.

El curso pasado a Barça y Valencia les convino un trueque de los cancerberos Neto y Cillessen, que mejoró el Balance económico por piruetas de la contabilidad. Esta temporada la operación similar se ha llevado a cabo con la Juventus con la permuta de Miralem Pjanic y Arthur Melo.

En el aspecto social, con incidencia deportiva y económica, el FC Barcelona se ha quedado encallado en el bautizado como “Espai Barça” por dificultades de concesiones de permisos a cargo del siempre renuente Ajuntament de Barcelona, nada proclive a favorecer a una Entidad difusora principal de la ciudad en el mundo. Y también por problemas de costos que se han elevado sustancialmente quedando desfasados los 600 millones que aprobaron los socios en referéndum. En cuanto a la financiación el Club ha hecho público un acuerdo con Goldman Sachs, con devoluciones de capital e intereses anuales sin hipotecar el patrimonio.

O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

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