A bote pronto

Tres semanas de cautiverio

El Gobierno español ha filtrado la posibilidad real de que el período de confinamiento se alargue, como mínimo, siete días y cubra la cuarta semana abrileña.

La dureza de la estadística apenas ofrece datos esperanzadores, aunque se empeñen las autoridades, más por la necesidad de transmitir un mensaje en positivo que por criterio, en advertir una tendencia bajista que nos aproxima al pico, donde se registrará el descenso. Una bajada que no será brusca, sino que describirá una curva abierta que irá demorando fechas. 

Y si se baja la guardia, las posibilidades de segundos registros alcistas es probable por las experiencias constatables que se disponen.

Esta evolución da la razón a la Generalitat de Catalunya, que propugnaba un confinamiento total una quincena antes y no pudo llevarse a cabo porque el decreto de Estado de Alarma, conduce el poder decisorio al Gobierno de España, despojando al gobierno catalán de las transferencias que le fueron conferidas.

Los números en su contexto redimensionan el problema. Con más de 10000 personas fallecidas en España que suman el 20% de la mortandad mundial. Esta centralización impuesta en un intento de marcar jerarquías políticas no da resultados y no se están obteniendo en fecha y forma el material adecuado para combatir la pandemia.

La prioridad absoluta debe de ser la curación de enfermos y evitar la propagación del virus. Un colectivo muy perjudicado es nuestra gente anciana, aquellos que nacieron en fechas de la incivil guerra (1936-39) y vivieron en edad infantil los primeros años de racionamiento de la posguerra.

Es una gran injusticia ver que aquellos seres queridos que vieron la luz en esa emergencia, mueran por una bacteria asesina, alejados de los suyos en residencias y hospitales sin que puedan recibir visitas por motivos de salud. Las residencias públicas y privadas de la comunidad de Madrid cifran en 3000 los fallecidos por el coronavirus, según ha declarado la presidenta regional, señora Díaz Ayuso. En Catalunya, la cifra supera ligeramente los 500. Son datos conmovedores.

Los científicos e investigadores nos advierten que cuando volvamos a conectar con el trabajo, las escuelas y el ocio, la segunda oleada del coronavirus puede ser factible. El análisis realista nos lleva a una paulatina recuperación sanitaria si se observan pautas de comportamientos que disten de las habituales.

La mascarilla puede ser una compañera de viaje de muchos transeúntes por nuestras calles y plazas, descontaremos besos y abrazos, no ya de los solo conocidos, sino que también de amigos y familiares.

La asistencia masiva a espectáculos será restringida. Incluso el sector de la hostelería puede verse afectado por disuadirse de la concentración de clientes.   

La crisis sanitaria nos va a cuestionar todo el verano y muchos conciertos, certámenes, espectáculos deportivos pueden tener un segundo aplazamiento.

El caos económico que se avecina puede ser superior al del año 2008. Lo cual implica una recuperación lenta que puede durar varios años. Nada será igual.

Con todos confinados, la ciudad respira mejor, la contaminación ha bajado en picado. Hasta el centro de la ciudad llegan descontrolados algunos jabalíes de la Serra de Collcerola que delimita el interior de la capital de Catalunya. En mi terraza de la Gran Vía barcelonesa, increíblemente huérfana de vehículos, la frecuenta algún gorrión juguetón, que se esconden en una tupida planta. Parecía una especie a extinguir bajo en el asfalto en la ciudad.

En las altas praderas se advierten ciervos, en la costa del Maresme, los delfines se divierten muy cerca de la orilla, se ven nutrias en el Pre Pireneo, hasta se alista un zorro en Prades. Definitivamente, el enclaustramiento humano lo agradecen otras especies. La naturaleza siempre es sabia. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

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