A bote pronto

Tensión en la economía del Barça

Negociar los salarios de los trabajadores a la baja es una medida impopular por la alta sensibilidad que se establece en favor de los intereses del trabajador. Sin embargo, en el mundo del fútbol de élite, las circunstancias varían, habida cuenta los elevados montos económicos que se barajan.

El Covid 19 ha frenado la inflación galopante del fútbol y ahora sus operadores se encuentran con la realidad de unas cifras mermadas y con la obligación de hacer frente a compromisos adquiridos.

Ante esta tesitura, los gestores de los clubes han de actualizar a la baja las partidas de gasto y, la más capital, se corresponde con las nóminas de los futbolistas. Pasado el ecuador de la campaña 2019-20, las competiciones tuvieron que parar por tres meses y obligó a la primera negociación entre la empresa y los trabajadores.

En el caso del FC Barcelona, los trabajadores privilegiados – los futbolistas – se avinieron a ceder un complemento del 2% de sus emolumentos para que no afectara a las mensualidades modestas de los trabajadores ordinarios.

El FC Barcelona ha cerrado el último ejercicio con un déficit contable de 97 millones. A esta cifra se ha llegado al reducirse los ingresos un 30%, que en cifras absolutas equivalen a 203 millones de euros.

La previsión de ingresos para esta temporada vigente ha quedado limitada a 800 millones, ya que las partidas de ingreso procedentes del museo, taquilla, tiendas y otras de patrocinio han sufrido el descalabro de la situación excepcional.

La directiva ha rebajado la masa salarial procediendo al traspaso de futbolistas e, incluso, cediendo los derechos federativos y pagando una parte de la ficha. A pesar de todo, los números siguen sin cuadrar y el CEO, Òscar Grau, manifestó la necesidad de un segundo ajuste, eufemismo que se traduce por una nueva rebaja salarial.

Hete aquí que los futbolistas han montado en cólera, bajo la excusa de las formas, basadas en una primera comunicación vía email para establecer los primeros contactos de la negociación.

No se les debe escapar a los jugadores las medidas de contención del gasto que ha obligado a realizar operaciones de salida, algunas forzadas y a prescindir de fichajes como Depay o Eric García al no poder atenderse el reclamo deportivo de la secretaría técnica.

Los futbolistas y sus representantes han aducido siempre a las cifras que genera el fútbol para negociar contratos al alta, en base a que los futbolistas han de ser los primeros privilegiados al ser los principales actores. Ahora, esta misma reflexión, les ha de llevar a aceptar un giro en sentido contrario, como revierte la realidad del momento.

Parece que el vestuario quiere marear la perdiz criticando las formas y la falta de información con respecto a la constitución de la mesa de negociación y al proceso de redistribución salarial.

Lo deseable sería que los futbolistas aceptaran una rebaja proporcional a la pérdida de ingresos por la causa excepcional que atraviesa la sociedad. Ante la dificultad de llegar a acuerdos por esta vía más solidaria, el FC Barcelona explora el preservar los derechos económicos de los jugadores, a través de una nueva calendarización que posponga parte de los emolumentos hacia una etapa post pandemia.

Al sacrificio que se propugna a los jugadores, la empresa debe corresponder con una información suficiente y clarividente de la situación contable actual que les despeje cualquier atisbo de duda o sospecha. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

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