A bote pronto

“Teatro del malo” en el Real Madrid de Florentino y Zidane

Este año el trofeo importante era la liga, según proclama de la prensa servil al madridismo. Ese mismo campeonato que desde el entorno madridista tantas veces han socavado y minusvalorado en favor del glamour de la Champions League.

El Real Madrid ha firmado una Champions League de pena, impropio de su historial, con solo tres victorias en ocho partidos. En ese registro figuran dos empates en el propio estadio Santiago Bernabéu, una contundente derrota por 3-0 en París frente al P.S.G. y los dos batacazos en octavos ante el City de Guardiola, al que habían accedido los merengues como segundos de grupo.

Con la ventaja nada desdeñable de un sorteo benigno en el que además del City figuraban dos equipos de ligas inferiores y de poco cartel como el Brujas y el Galatasaray.

En la única eliminatoria directa, dilapidaron la ventaja de jugar con el calor de su afición en Chamartín y sin público en el Etihad Stadium.

En la comparativa, el FC Barcelona, fue campeón imbatido de grupo con cuatro victorias, que incluyen los dos partidos frente al Inter de Milán, y dos empates a domicilio.  En octavos, ha superado al Nápoles sobreponiéndose al grave perjuicio de jugar con público en San Paolo y sin su afición en el Camp Nou. Está clasificado para la Final Eight a celebrar en Lisboa.

Zinedine Zidane pone nota al equipo: “El 95% de lo que hicimos toda la temporada ha sido excelente”. O sea, el valor del varapalo sufrido en Europa solo cotiza porcentualmente un 5%. Es de suponer que si hubiesen ganado “la orejona” el grado de excelencia hubiera alcanzado el pleno del 100%.  No esa la opinión mayoritaria del socio madridista.

Ese 95% de excelencia auto atribuido debe concentrarse para el técnico francés en una liga atípica, donde en la fase de normalidad que duró hasta la jornada 27, fue segundo a dos puntos del líder FC Barcelona. Fue en los once encuentros después, con calendarios, fechas y reglamentos cambiados, que se produjo la reversión de la clasificación, con unas intervenciones escandalosas del arbitraje y del video arbitraje que sancionaron al libre albedrío a favor de la causa blanca.

La indignación traspasó fronteras y solo por la obligada ausencia de público no se produjeron los ancestrales cánticos reprobatorios de las aficiones de todo el país: “Así, así gana el Madrid”.

Si el descalabro de la Champions League solo computa un 5% en la valoración global, ¿cómo es que se le dio tanto bombo en años de cosecha?  La respuesta es obvia, ya que cuando se gana es el súmmum y marca el éxito del curso. Ejercicio puro de cinismo. Teatro del malo, que diría Mourinho. Máxime cuando tantas veces el torneo europeo les ha servido de tapadera para cubrir una mala temporada.

Casi nadie entendió la alineación de Zidane en Manchester, ni la gestión de los tardíos cambios. Pero, poco importa, en casa de Florentino Pérez no ha lugar la auto crítica.

El Real Madrid venía de un año en blanco y la cosecha del nuevo curso es una liga regalada, partida y convulsionada por el proceso vírico que está condicionando la vida del planeta.

El nivel de exigencia en el Camp Nou es muy superior y al equipo se le exigen más que resultados. Mientras las ligas de Valverde, ganadas en buena lid, eran infravaloradas, esta liga remendada, que se ha completado con la ayuda de fórceps para que pudiera haber parto, es el plato de lentejas, escrito quede sin menoscabo a la bondad de la legumbre, que enarbolan desde el madridismo oficial y con la connivencia de los mercaderes. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

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