A bote pronto

Setién quiere volver al Barça “vintage”

Que el mundo del fútbol resulta paradójico se ha vuelto a demostrar en ese trueque en el banquillo del Barça de Ernesto Valverde por Quique Setién.

Abandonan a su suerte a Valverde, un técnico de larga trayectoria y que ha ganado con el Barça cuatro títulos en dos años, entre ellos, las dos ligas disputadas. Quien aterriza en el Camp Nou es un entrenador con currículo escaso y solo cuatro años de pertenencia a la Primera División de nuestro fútbol, entrenando a Las Palmas y últimamente al Betis, de donde fue cesado por una revisión resultadista.

Aparentemente hay un sinsentido en estos movimientos, pero la lógica del fútbol se establece con otros parámetros. Lo justificó el presidente Bartomeu en la rueda de prensa: “Era necesario cambiar la dinámica”. Implícitamente, es el reconocimiento de un error propio al renovarle bajo una presión interna y externa de muy difícil administración.

Valverde ha sido reo de dos resultados históricos en las plazas de Roma y Liverpool que le han arrastrado. El liderato de la liga ocultaba una regresión en el juego del equipo que se traducía en una puntuación menor con respecto a años anteriores y un comportamiento como visitante de escasa fiabilidad, al sumar solo la mitad de los puntos en juego (quince de treinta).

En cambio, la trayectoria europea fue casi impecable. En el grupo de la muerte, acabó líder imbatido y se clasificó con una jornada de antelación. Sin embargo, los resultados del “clásico”, del derbi y de la Supercopa han acelerado el cambio.

La tendencia era negativa, las prestaciones iban menguando y no resistían comparaciones con las del inmediato pasado. Este Barça ha aumentado las dudas, sus deficiencias defensivas se han hecho patentes, así como su precaria condición física. El equipo titular ha ido acumulando años, sin que se haya acertado en las reposiciones.

Valverde ha hecho jugar al equipo bajo un patrón impuesto desde la “era Cruyff” y al centro del campo le han faltado piernas para corregir posiciones y subsanar el desequilibrio numérico.

El txingurri no supo o pudo sacar más provecho de las figuras contratadas como Dembélé y Coutinho. Tampoco de Arthur Melo. Los incorporados este curso, Griezmann y De Jong, progresan lentamente. En el caso del francés está experimentando una mejoría general, pero aún no justifica la enorme inversión de 141 millones de euros (120 + 21 extras negociados con el Atlético para tapar alguna irregularidad contractual)

De Jong comenzó fuerte e ilusionó a la afición que vio similitudes con Bernd Schuster. Sin embargo, ha ido a menos en los últimos partidos y a su juego le ha faltado trascendencia y determinación. Puede ser víctima de los cambios de posición que le sometió Valverde, haciéndole jugar en todos los puestos del centro del campo.

El aprovechamiento de la valorada cantera del FC Barcelona también ha sido una espada de Damocles para el técnico. Apremiado por el día a día, no ha encontrado la fórmula para visualizar el talento que emana desde La Masia.

El cese de Valverde obedece a la necesidad que aludía Bartomeu. El equipo necesita un golpe de timón y el extremeño no estaba en condiciones de llevarlo a cabo. El transcurso de esta primera parte de la temporada nos recordaba a la de Gerardo Martino, el equipo no jugaba bien pero no se despegaba y era, hasta el final, aspirante a todo. No concretó nada y se acabó el año en blanco con aquella liga que el colegiado Mateu Lahoz “regaló” al Atlético. Se echó en falta esa agitación.

Bartomeu ha rectificado y es de agradecer. No así por las formas, con noticias filtradas que han menoscabado el honor y la profesionalidad de Ernesto Valverde. Un hombre de Club que siempre ha actuado siguiendo las directrices de la empresa. Ha aguantado carros y carretas con los aguijones de la prensa cruyffista-guardiolista con mucho peso y predicamento y que siempre encontró argumentos para torpedear su gestión.

Llega Setién para mantener el aura y la estela de Johan Cruyff. Un romántico del fútbol que ahora extrae rentabilidad a la victoria por tres goles a cuatro que su equipo, el Betis, obtuvo en el estadio blaugrana en una gran versión. Precisamente, la última derrota padecida en el Camp Nou y datada en noviembre del 2018.

Adiós a un gentleman del deporte y hola a un enamorado del juego tulipán. O así piensa nuestra pluma.

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