A bote pronto

Rehenes del coronavirus

El Covid 19 se ha derivado en una pandemia global que atraviesa océanos y se instala por todos los confines. Se inició en China donde ya se empiezan a frenar sus efectos devastadores, que se han trasladado a la vieja Europa y se han expandido por el Nuevo Continente. 

Este virus está condicionando nuestras vidas, al vernos recluidos en nuestros domicilios por imperativo legal. Un confinamiento decretado en España para quince días, con alta probabilidad de prorrogarse por otros tantos y que tendrá seguro el arrope necesario con el visto bueno del Congreso de los Diputados que ha de refrendar el acuerdo gubernamental.

Estamos en el cuarto día de confinamiento oficial, si bien algunos ya atendieron recomendaciones y redujeron al máximo las salidas de casa. Quienes estamos acostumbrados a movernos por la vía pública, mañana y tarde, este enclaustramiento nos produce cierta ansiedad. El aburrimiento no sería nuestro caso que tenemos en la escritura o literatura opciones muy apetecibles, además de la amplia programación de ocio pasivo que ofrecen las alternativas tecnológicas domésticas.

El mundo del deporte, como otras esferas, está paralizado sin competiciones, por lo que la información en este ámbito queda muy restringida y la opinión también se desvanece al no estar sustentada en hechos, sino en especulaciones de futuro. Básicamente acerca de cómo y de qué manera se pueden completar los campeonatos suspendidos bruscamente o de buscar nuevas fechas a los eventos programados ya con fechas próximas a expirarse o ya vencidas temporalmente.

Una de las especulaciones que ofrecen más recorrido se refiere al tratamiento que se dé a las competiciones si no pueden concluirse por fuerza mayor. Obviamente, llegado el caso no deseable, cualquier decisión deja agraviados en el camino y la solución pasa por triar la menos injusta.

En lo que se refiere al otorgamiento del título de liga, cobra más fuerza dar por definitiva la clasificación actual que declarar suspenso el campeonato sin registros estadísticos. No se entendería que las soluciones salomónicas pasaran por los criterios individuales de cada Federación nacional, pues lo sensato sería establecer unos criterios uniformes en el seno de la UEFA que preside Aleksander Ceferin y que sean aplicables para todos los Organismos miembros.  

En ese probable escenario, hay un precedente muy cercano en el tiempo que perturba al Real Madrid y a su foco mediático, pues otorgaría el título al FC Barcelona. A favor del Club catalán puede computarse ser el campeón de las dos últimas ediciones, ser campeón de invierno en la actual y comandar la tabla de clasificación con dos puntos de ventaja sobre el Real Madrid que ocupa la segunda plaza.

El precedente más cercano es del año 1.999, cuando la UEFA confirmó el título de liga al Partizán de Belgrado, a falta de diez jornadas para la conclusión del campeonato suspendido por el inicio de la denominada Guerra de los Balcanes.

Se da por descontado que, para el interés general que incluye al FC Barcelona, lo más deseable es que puedan completarse las once jornadas pendientes. Si no fuera factible, que la decisión deportiva se tome en el seno de la UEFA garantiza mejor a los blaugranas la salvaguarda de sus derechos que si se deliberara en Madrid, con los presidentes Luis Rubiales de la Federación Española y Javier Tebas de LaLiga.  

Las serpientes de verano se han despertado en primavera y la información deportiva se nutre de especulaciones del trasvase de futbolistas de un club a otro. No puede ser de otra manera para cubrir los espacios en los medios tradicionales y en los digitales.

Lo que importa es vencer al virus que acapara todo el interés informativo y ya ofrece cifras alarmantes de perjudicados. Italia está a punto de alcanzar a China y España no le anda demasiado a la zaga a los transalpinos.

Es tiempo de recluirse en el hogar y revisar antiguos legajos de documentos y fotos. Lo hicimos ayer, para visionar los ya lejanos años y ver los cromos, algunos en blanco y negro, de Joaquín Peiró, fallecido a los 84 años. Jugó de rojiblanco con el número diez a la espalda en las décadas de los 50 y 60 con el Atlético. Con Enrique Collar formó la bautizada como “ala infernal” que competía con la Puskas y Gento en el Real Madrid. 

Luego, siguió la estela italiana emprendida por Luis Suárez Miramontes y Luis Del Sol fichando por el Inter para ganar la Copa de Europa y formó parte de aquella delantera extraordinaria: Jair, Peiró, Mazzola, Suárez y Corso, que perdura en nuestra memoria selectiva.

Estamos en estado de alarma. Hagamos bondad y recluyámonos en casa para vencer al mal llamado coronavirus. Vendrán tiempos mejores y valoraremos más y mejor esa normalidad extraviada. Nos dirigimos y nos vemos en la distancia, por skipe o videollamada. Necesitamos regresar a nuestro hábitat, a las distancias cortas, como mejor nos desarrollamos los humanos. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

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