A bote pronto

“Tú no tienes ritmo”

Cuando el cansancio hace mella en el deportista, las posibilidades de lesión muscular se acrecientan exponencialmente. Y este es el gran temor de los futbolistas, de sus clubes de pertenencia y de quienes cuidan de su buen estado físico y psíquico.

A diferencia de otros deportes y, como ya hemos denunciado abiertamente por la influencia de la economía que ha ganado la batalla, vuelve el fútbol de alta competición. Al amateur se han impuesto los criterios emanados desde la prescripción facultativa y se han suspendido sus competiciones.

En los pocos días de reanudación parcial de los entrenamientos, con solo dos días de ejercicios en grupos restringidos, LaLiga ya registra siete lesiones musculares que han apartado a los futbolistas de la rentrée. Todas las consultas efectuadas a los profesionales, galenos y fisioterapeutas, coinciden en que ese riesgo es real y dejará una cifra de damnificados superior a la media en circunstancias de preparación programada.  

El fútbol de las primeras veintisiete jornadas poco tendrá que ver con el de las once postrimeras. Pese a que está en juego las notas finales, con sus sobresalientes y suspensos. Unos, con premios por la consecución del título y con diplomas de pasaporte a Europa; otros tres, con castigos ejemplares, que conduce al tobogán de la Segunda División. 

En algunos casos, la psique no les responderá a futbolistas que ya han manifestado su renuencia al regreso a la actividad por considerarla prematura por una pandemia que aún no se ha extinguido. En otros, será simplemente el físico de muchos, de motor diésel, que precisarían de más sesiones de preparación para ponerse a punto.

Bastantes de estos futbolistas alcanzarán el ritmo requerido para la competición, en el mejor de los casos, cuando se conciernan los últimos coletazos.

El fútbol actual es un deporte para atletas. Hogaño, el aporte técnico superior de un jugador no compensa una aportación física menor. Los entrenadores priorizan a aquellos futbolistas que juegan con gran intensidad y concentración con un despliegue físico importante que les hace cubrir grandes parcelas de terreno.

Uno recuerda a Louis Van Gaal y la anécdota con su jugador Óscar García, fechada en el año 1999. En un entrenamiento en el Camp Nou, el técnico holandés le expulsó, recriminando también a su hermano Roger García y a Albert Celades, los tres de la cantera. En su peculiar español, les recriminó: “Tú no tienes ritmo”. Aquel incidente cobró más notoriedad ya que los entrenamientos eran abiertos a la prensa y a los aficionados. Salvo el día previo de partido que se producían a puerta cerrada.

El ritmo en el fútbol es un valor añadido y consagrado que las tácticas resultadistas han maltratado. Con el marcador favorable, muchos futbolistas utilizan todas las trapacerías para frenar la dinámica del espectáculo, ya sea simulando lesiones, demorar las reanudaciones del juego o con discusiones acaloradas.

La puesta al día del reglamento y su régimen sancionador no solucionan estas pillerías. Con la implantación reciente del VAR las detenciones del juego se multiplican por la revisión de jugadas y por las indecisiones de los jueces de campo y de sala para sancionarlas con un criterio unificado.

En este tramo final, la UEFA ha determinado, excepcionalmente, que se permitan efectuar hasta cinco cambios, aunque las interrupciones no sumen más que tres. Por otro lado, para paliar el elevado riesgo de lesiones, el árbitro puede para hasta dos veces por cada tiempo para que los futbolistas puedan tomar alguna bebida energética.   

Los tiempos nos transportan a otro fútbol más estratégico y menos racial. Con más cerebro y piernas que corazón. “Més seny que rauxa”. O así piensa nuestra pluma.

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