A bote pronto

Más dinámica para el Barça de la posesión

La ajustada victoria del FC Barcelona ante el Getafe (2-1) suscitó división de opiniones, valga esta expresión prestada de la tauromaquia. Es una discusión acerca del modelo que instauró como señas de identidad Johan Cruyff y ha permitido al Club conseguir los mejores éxitos de su historia- Algunos, como el “sextete”, sin parangón.

Frank Rijkaard y Pep Guardiola fueron guardianes de ese estilo, al que ya introdujo alguna variable Luis Enrique que provocó algún runrún, acallado por las ligas conquistadas y el “triplete” del año 2015. Esa evolución constante del fútbol y la necesidad resultadista llevó a su sucesor Ernesto Valverde a la revisión del patrón e intervenir durante los partidos en el dibujo, para sacrificar el 4-3-3, santo y seña, en favor del 4-4-2.

Con Quique Setién, declarado cruyffista, se vuelve a los fundamentos de querencia al balón, para construir las jugadas a través de él. Vuelve el juego de transición como sello identitario y el balón debe de estar siempre en disposición de ser jugado con un destinatario preconcebido.

El equipo de Setién, como el de Guardiola como último referente, no rifa ninguna pelota. Pero ello exige un nivel óptimo de concentración, de técnica individual y de condición física para acudir a los espacios menos transitados para procurar la recepción.

Escribíamos ayer sobre el partido ante el Getafe: “El público desaprobó en diversas oportunidades, la lentitud y la apoyatura en Ter Stegen para la salida del balón. Es dogma de fe de Setién. El equipo no puede rifar un balón y, para ganar superioridad numérica, Ter Stegen se incorpora a ese andamiaje con oficio aprendido. Pero esa desaceleración del juego y su reiteración mecánica resulta exasperante para muchos que valoran el ritmo y la dinámica, aunque produzcan mayor vértigo”. 

Los gestores de opinión están divididos entre los que preconizan un juego más directo y los fieles al sistema instaurado por el holandés volador en 1988. Estos últimos se hacen cruces de la desaprobación de la grada, que se manifestó este fin de semana pasado.

Probablemente, algunos, ensimismados con la oferta de Setién de volver a los inicios, no han reparado que la puesta en escena no es comparable. No lo es porque el “dream team” jugaba con una convicción no transferible.

Creemos que muchos han orillado el objeto real de los pitos de parte del graderío. No lo era tanto por la implementación del estilo, sino por la reiteración. Se aprecia y se valora que Ter Stegen sea el director de la faceta de arranque y que se trabajen todos los movimientos, desde la apertura a los laterales, al pase vertical de primeras, donde el receptor analiza el giro para continuar o abre el juego en la lateralidad.

Lo que es menos de recibo es que la pelota pase de pie a pie, en movimientos de avance y retroceso para volver a empezar. Es un juego ralentizado que se pone más de manifiesto cuando el rival no acosa a Ter Stegen y permite al alemán mantener el balón a ras de hierba, sin ninguna prisa para ser puesto en movimiento.

Que no se confundan algunos. Ante el Getafe, hubo una loable persistencia en volver al estilo, pero la puesta en práctica ofreció dudas a los propios protagonistas y, por ello. su desempeño fue lento, cansino y reiterativo. La puntual música de viento viene por ahí. La solución pasa por imprimir más dinamismo sin abandonar los preceptos. O así piensa nuestra pluma.

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