A bote pronto

Los refuerzos culés al ralentí

Se van agotando las fechas que nos conducirá al 5 de octubre, datación límite para la contratación de futbolistas. El mercado está anodino, consecuencia del poco circulante en las tesorerías de los Clubes, agravados por la falta de ingresos regulares ordinarios.

En esta situación, los responsables de confeccionar las plantillas apuran el calendario en busca de la debilidad o necesidad mayor de la otra parte, para ir a por la presa.

Este fin de semana se disputa la jornada tercera de LaLiga, que representa el debut del Barça y la segunda cita para el Real Madrid. Resulta novedoso que ambos equipos apenas hayan reforzado sus plantillas.

Además de las altas cifras que retraen a los compradores, existe una razón poderosa de espacio. Para entrar hay que dejar salir y tanto a barcelonistas como madridistas les está costando mucho soltar rémora, consecuencia de las condiciones de privilegio de que gozan los portadores de estas dos camisetas.

El Real Madrid ha regalado a La Premier a James y Bale y está pendiente de dar pasaporte a Jovic, joven promesa que un curso antes adquirió por sesenta millones de euros y que ha sufrido una fuerte desvalorización.

Donde el Real Madrid lleva gran ventaja al FC Barcelona es en la colocación de futbolistas secundarios o jóvenes emergentes, por los cuales regularmente percibe cantidades elevadas.

En ese entretanto, en el Barça salen con la carta de libertad o poco más. A los consagrados Vidal, Rakitic y Luis Suárez, se suman los jóvenes Cuenca, que marcha al Villarreal por 2,5 millones, a Monchu cedido al Girona con opción de compra por 3,5 millones, Akime, Chumy,…

El caso atípico es el de Arthur Melo, que encaja en la ingeniería financiera, como el año anterior ocurriera con el Valencia en la permuta de los cancerberos Cillessen/Neto. El Barça vendió al brasileño a la Juventus por 70 millones por lo que recuperó holgadamente la inversión inicial. Sin embargo, la operación era condicionada a la compra de los derechos federativos de Pjanic, 30 años, valorados artificialmente en 60 millones.

La operación de salida, bendecida por todos los agentes, ha sido el traspaso de Semedo a Wolves, a cambio de un fijo de 30 millones y diez más de variables.

Observando el cero a cero del Real Madrid en el vacío estadio de Anoeta y la débil oferta futbolística, advertimos que los blaugranas pueden competir en igualdad para recuperar el cetro estatal, pero que no le alcanza para estar en el primer nivel europeo.

El Barça necesita sumar calidades de rendimiento inmediato. Ya sin Semedo, hacen falta dos laterales y un central. Sin Suárez, convendría un “nueve” contrastado, aunque el mercado no ofrece otro jugador del nivel del charrúa, que en sus momentos óptimos le llevó, por dos veces, a conseguir la Bota de Oro.

El lateral derecho Dest y el central Éric García son nombres públicos que salieron a la palestra. El estadounidense del Ajax está al caer, pero el Manchester City dificulta la salida del catalán, por lo que su incorporación puede demorarse un curso, hasta acabar su contrato. Una alternativa es la cesión por un año de Rudiger, que no es pieza indispensable para Lampard en el Chelsea.

Para el lateral izquierdo, hay un amplio abanico. David Alaba del Bayern cotiza a precios prohibitivos y los demás del listado, incluido Gayá, convencen mucho menos. Una incorporación es urgente pues Junior ha fracasado con estropicio.

Lautaro, Depay o Lukalu son nombres que optaron para el “nueve”. Al final puede ocurrir que no venga nadie y el Barça juegue con falso nueve, como en su día hiciera con Michael Laudrup en el “dream team” de Johan Cruyff y después el Barça de Guardiola con Leo Messi.

O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

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