A bote pronto

Leo Messi tensa la cuerda

Las aguas en el entorno barcelonista bajan turbias en una temporada irregular, donde por primera vez, desde hace diecisiete años, se cambió de entrenador en pleno curso. El cambio de Valverde por Setién no ha mejorado inercias.

La falta de una secretaría técnica estable debido a los ceses de tres secretarios técnicos , Zubizarreta, Robert Fernández y Pep Segura, que precedieron al actual Éric Abidal, han conllevado a una situación de crisis deportiva por falta de proyecto.

El FC Barcelona está cerrando un ciclo y a los Puyol, Xavi e Iniesta no se les ha encontrado sustitutos a ese nivel de excelencia, lo cual era previsible por su alta dificultad.

Quedan, como máximos estandartes de la mejor época, Gerard Piqué y Leo Messi son de la generación del 87 e inmediatamente después viene Sergio Busquets, un año  menor. El equipo hubiera requerido una renovación paulatina atendiendo los patrones de identidad propios y alejándose de operaciones mercantiles impulsivas que responden más a las urgencias personales que a las valoraciones profesionales.

Joan Gaspart ingresó diez mil millones de pesetas por la huida de Luis Figo a principios de siglo y ese capital se dilapidó en fichajes precipitados. En 1961 ya había pasado lo propio con la venta de Luisito Suárez que produjo un ingreso de veinticinco millones de pesetas, ficha también récord de la época.

Cono no hay dos sin tres, la marcha inesperada de Neymar al PSG, estableció otras cifras estratosféricas que se cifraron en 222 millones de euro y algunos elevan a 252 millones por el pago de derechos de formación. Ese generoso caudal monetario, también ha tenido su correspondiente despilfarro compensatorio. En un corto plazo, se vistieron de blaugrana Coutinho (120 millones de euros + 40 variables), Dembélé (105 + 40) y Griezmann (135 millones, de los cuales quince corresponden por el derecho de tanteo de los futbolistas atléticos, Saúl Ñíguez y Giménez).

Ninguna de estas incorporaciones han conseguido olvidar al brasileño Neymar, por cuya vuelta suspira tanto el futbolista arrepentido, la afición culé y los propios compañeros que en el año 2015 se alzaron con la  copa de la Champions League en Berlín.

Año tras año, el equipo ha rebajado prestaciones, aunque la presencia de Messi le ha procurado abundantes títulos nacionales. El pibe ya advirtió de esta merma de competitividad cuando declaró que el juego “no les alcanzaba para ganar la Champions”. En ese tiempo anterior al confinamiento, no calculó que tampoco, muy probablemente, iba  a servir para renovar el título doméstico.

Leo Messi es un ganador nato y quiere seguir sumando títulos. Suspira por la vuelta de Neymar y sospecha que le dieron falsas esperanzas. Se ve cuestionado por algún miembro de la directiva y su veteranía le ha hecho crecer en susceptibilidad.

Eso le ha llevado a frenar las negociaciones para su renovación más allá del curso 2020-21. Le disgustan algunas imputaciones que niega, acerca de su influencia en la planificación deportiva, algunas declaraciones, las cuales replica (Éric Abidal) y algunas actitudes (Eder Sarabia) que ningunea.

Josep Maria Bartomeu, en su último año de mandato, tiene una patata caliente que deberá solucionar con el viento en contra. En esos terrenos de armisticio, es de reconocer que el presidente se mueve con solvencia. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

Facebook: Barça universal

www.planetaDeporte.es