A bote pronto

Con las arcas culés vacías

Ronald Koeman apremia a la secretaría técnica para que le fichen un defensa central y un delantero centro. Al primero el Club le ha puesto nombre, Eric García, al que quiere repescar del Manchester City, por el que apostó el canterano en edad juvenil abandonando La Masia. Luis Enrique ya le ha hecho internacional absoluto, aunque se trata más de un valor a futuro, con amplio margen de mejora.

Sobre el “nueve” es el técnico quien ha puesto sobre la mesa el nombre de Memphis Depay, paisano suyo que conoce profesionalmente desde su etapa de seleccionador de la “orange”. Solo el último fichaje Sergiño Dest, incorporado también del fútbol holandés, aunque con pasaporte estadounidense, ha venido bajo la encomienda de Koeman.

No hay consenso sobre Depay, ya que hay dudas acerca de su nivel deportivo. A la secretaría técnica le compete la planificación y llevar a cabo aquellas operaciones que interesan y de las que ya hay un seguimiento y rastreo previo. Las demandas de los entrenadores se corresponden a urgencias del momento y acaban, generalmente, dando mal resultado.

En la era más moderna, el ejemplo más meridiano lo protagonizó el fichaje de Steve Archibald, que fue una exigencia de Terry Venables, por delante de Hugo Sánchez que el Club ya tenía apalabrado. Para muchos analistas aquella concesión tuvo un coste de títulos que adquirieron tinte blanco.

En los tiempos modernos se registra el acierto del Barça de no fichar a Nolito, por el que suspiraba Luis Enrique que le había entrenado en el Celta de Vigo y, el último caso, queda el incompresible fichaje en el último mercado invernal de Martin Braithwaite que hundió al CD Leganés a la Segunda A, pero no aportó mérito al Barça. Fue un reclamo del extraviado Quique Setién que lo priorizó a otros nombres de la lita para, posteriormente, apenas contar con su concurso.

Ahora el FC Barcelona se encuentra con el drama de tener que reforzar al equipo con una economía depauperada y maltrecha, donde a la mala gestión se ha unido el factor adicional del coronavirus.

La tesorería del Club no permite florituras y la única fórmula para poder fichar son proceder a ventas o cesiones. Procurar salidas antes que entradas. Y debe llevarlo a cabo la Gestora, dirigida por Carles Tusquets. El 24 de enero próximo (quizá también el 25, en doble jornada propiciada por la excepcionalidad sanitaria) el socio del FC Barcelona pasará por las urnas democráticas para proclamar al nuevo presidente. A los directivos entrantes solo les quedará una semana de mercado, al cerrarse la ventanilla el uno de febrero.

El Club lucha con dos déficits, la falta de liquidez y una masa salarial disparada irracionalmente que le ha llevado a la “pole positicion” en la clasificación de los Clubes que mejor remuneran a la plantilla. La reglamentación coercitiva de estos desmanes de gestión coarta las acciones del Club, al tener un techo que le obliga a rebajar costes salariales antes de acometer nuevas operaciones.

A efectos de atender a la rebaja de la masa salarial, los jugadores descartables son los que inciden menos en esa inflación, por lo que las salidas tendrían que ser en plural. En ese listado, figuran Junior FirpoBraithwaite, Aleñá y Riqui Puig. Para el objetivo de recuperar tesorería, podría ponderarse el traspaso de Dembélé o Griezmann, pero ello conlleva un debilitamiento deportivo, que ya queda agravada por la grave lesión de Ansu Fati. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

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