A bote pronto

LaLiga calienta motores

Pasan los días y el FC Barcelona no concreta ninguna operación de compraventa en el mercado, que oficialmente se abrió este uno de junio. Las posibles adquisiciones están supeditadas a los traspasos y cesiones. Dejen salir antes que entrar.

En el caso de los descartes, el objetivo esencial es nutrir la alicaída tesorería blaugrana y compensar un balance que anuncia pérdidas que pueden llegar a los ciento cincuenta millones de euros, al distar mucho los ingresos previstos que alcanzaban los 1.047 millones de euros. Un objetivo del que se presumía record mundial, pero que la pandemia global ha echado al traste.

La opción de las cesiones tiene lectura doble. De un caso, están para posibilitar el crecimiento profesional de algunos jugadores con proyección de futuro en el Club. Otros, con el objetivo de rebajar la masa salarial y como remedo a un traspaso que la lonja no lo faculta. 

El bazar está minado de ofertas y contraofertas, en un puzzle de sondeos donde solo queda certificado el interés al menos de una de las partes. Las operaciones que se plantean cada vez son más enrevesadas y tienen más que ver con la ingeniería financiera. 

Lógicamente, en casi todas las posibles operaciones de fichajes de futbolistas consagrados o emergentes el nombre del FC Barcelona sale a la palestra. Y hay un principio de verdad, pues esos jugadores están en las mesas de trabajo de la secretaría del Club, que rastrea de forma exhaustiva el mercado nacional e internacional. Pero lo mismo podríamos escribir del Real Madrid, el adversario natural.

En ese marcaje mutuo, a veces el interés no es tanto conseguir la pieza, sino evitar que no potencie el arsenal del rival. Es la historia repetida del enconamiento.

A Barça y Madrid les aguardan once finales con el título de liga en juego. Los blancos querrán cortar esa supremacía blaugrana y alguno de sus futbolistas ya cuantifican la ambición, que establecen en el pleno de victorias. Aún con ello, seguirían dependiendo de que el Barça no alcanzara el mismo reto.

Hay un empate técnico dimanante del rescate de futbolistas convalecientes. El Real Madrid podrá disponer del belga Eden Hazard, el fichaje estrella del curso que solo apuntó destellos. Mientras, el FC Barcelona contara con un goleador consagrado como el uruguayo Luis Suárez, de vuelta tras la operación quirúrgica de rodilla.

Respecto a la duda sobre a quien ha beneficiado más el impensado paréntesis, no hay argumentos que no se deriven de las especulaciones al uso. Los cambios del reglamento por ampliación del posible número de participantes hasta dieciséis, la ausencia del público en las gradas y las situaciones de desigualdad comparativa con los partidos jugados por los mismos equipos en la primera vuelta, no otorgan presunción de beneficio concreto a algunas de las partes.

Será un hándicap que el Barça reciba al Atlético sin público, lo mismo que para el Real Madrid cuando le visite el Valencia. Será una ventaja para los culés acudir al estadio Ramón Sánchez Pizjuán de Sevilla con las gradas vacías, lo mismo que será para los merengues visitar Euzkadi para enfrentarse, en las mismas circunstancias, a los dos equipos principales del País. 

 Lo cierto y verdad es que al FC Barcelona le ha permitido liderar el campeonato por este tiempo extra de casi tres meses para satisfacción de sus seguidores que han visto al rival por el retrovisor. 

La comprensión del calendario que requiere jugar cada tres días, obliga a los Comités de Competición y Apelación a ser diligentes con los dictámenes sancionadores. Así se ha establecido que el Competición dirimirá sus acuerdos a las 24 horas de la finalización del partido. A su vez, el de Apelación resolverá los recursos con el tope de las 14 horas del día siguiente al que se hayan dictado las resoluciones del Comité de Competición.

Hay que confiar en el cumplimiento estricto de estas normas y que no haya impedimentos de reuniones que beneficien circunstancialmente a algún equipo. La lógica de ello no exime su citación, ya que hay antecedentes de una mala praxis en que se ha alegado una fecha datada en rojo por el calendario para demorar la decisión y creando agravios comparativos. O así piensa nuestra pluma.

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