A bote pronto

La tarjeta amarilla a Messi

Se disputó este fin de semana la décimo primera jornada de liga que supuso la confirmación del Atlético como aspirante serio al título, la descomposición del Real Madrid y la recuperación del FC Barcelona.

En LaLiga y en casi todos los escenarios balompédicos de la orbe se recordó la figura de Diego Armando Maradona, fallecido días antes al no poder superar una operación de cabeza a consecuencia de un coágulo cerebral. Se remembró la figura del ídolo deportivo, haciendo general abstracción de otros considerandos acerca de su agitada vida.

En el Camp Nou este homenaje tuvo un énfasis especial por la presencia en las filas del FC Barcelona de Lionel Messi, considerado el sucesor natural de “el Pelusa” como el mejor jugador del mundo.

Antes de dar comienzo el match, en el centro del campo lucía un festón blaugrana y con una distribución de colores que permitía identificar el número diez, mientras los video marcadores ofrecían la imagen de Maradona en su etapa en el FC Barcelona (1982-1984). Al tiempo que durante todo el partido el cuadro del Museo del FC Barcelona con su camiseta culé firmada por el futbolista presidía “la Llotja” presidencial.

La significación especial se alcanzó cuando el partido se encaraba a su recta final con una renta de tres goles a favor del Barça. Leo Messi marcó el cuarto tanto en una jugada individual concluida con un disparo inapelable al ángulo. El pibe se despojó de su camiseta y exhibió una anterior compartida con Maradona en tiempos distintos.

Con inusual detalle y extraña precisión, lo explica en el acta el colegiado Mateu Lahoz, con motivo de justificar la tarjeta mostrada al “diez” del Barça: «Por quitarse la camiseta, tras la consecución de un gol, mostrando una nueva camiseta del equipo Newell´s Old Boys, de la temporada 93/94, con el dorsal número 10 en la espalda».

A posteriori, llegó la información que este gol de Messi emulaba, en su elaboración y finalización, al único tanto marcado por Maradona con la camiseta del Nevell’s, lo cual ponía poesía musical a la prosa.

El gesto de Messi ha dado la vuelta al mundo y ha tenido el beneplácito general, a pesar de la amonestación arbitral. Pero, esta vez, el colegiado valenciano cumplió con su obligación al aplicar un reglamento que no distingue excepciones por segundas lecturas.

Mateu Lahoz aplicó el artículo 111, apartado H, del código disciplinario en vigor, cuya redacción no ofrece dudas acerca de la reprenda en forma de cartulina: “cuando con ocasión de la celebración de un gol el futbolista se despoje de su camiseta o la alce por encima de la cabeza, así como cuando se encarame a la valla que rodea el terreno de juego”.

Por esta causa, Messi sumó su tercera tarjeta que se agrega a las padecidas frente al Real Madrid y el CD Alavés. Ello abre un debate, no sobre su legitimidad sino sobre su justicia.

¿En atención al noble fin que conllevaba el homenaje, se le debe de dispensar de la sanción? La hemeroteca ya contempla cuatro excepciones en nuestra liga:

  • Sergio Ramos del Real Madrid fue perdonado por mostrar una leyenda de homenaje al futbolista del Sevilla Antonio Puerta, trágicamente fallecido en el año 2007.
  • A Cristiano Ronaldo, también del Real Madrid, le fue condonada la sanción en el año 2010 por un mensaje de apoyo a Madeira, su lugar natal, a causa de los destrozos ocasionados por importantes accidentes meteorológicos.
  • En ese 2010, el jugador cedido por el Real Madrid al Espanyol, José Callejón, festejó un gol mostrando en una segunda camiseta la efigie de Dani Jarque, el capitán del equipo trágicamente fallecido en una gira a Italia.
  • Año 2016. El futbolista del Granada, Andreas Pereira, al marcar un tanto, exhibió una segunda camiseta de homenaje a las víctimas del accidente aéreo que costó muchas vidas a la expedición del Chapecoense; entre ellas, la de un antiguo compañero.

La resolución está en el Comité de Competición, en primera instancia, o en el de Apelación, en segundo término, que deberá dilucidar la conveniencia o no de aplicar criterios más laxos, atendiendo la bondad del acto y a los precedentes ya registrados.

Si se aplicara siempre la misma vara de medir, se evitarían los subjetivismos derivados de la exegesis, en favor del rigor normativo. Acaso convendría que, explícitamente, se advirtiera que las sanciones se ajustarán, en todos los casos, al reglamento establecido, evitando elucidaciones inducidas. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

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