A bote pronto

La revalorización de los centrales

Antaño, cuando el fútbol era menos profesional, se practicaba aquello de que la mejor defensa es un buen ataque. Las alineaciones hasta los años cincuenta se expresaban bajo la fórmula de un portero, dos defensas, tres medios y cinco delanteros. Así estaban diseñadas las barras de los futbolines.

Ya en la segunda mitad del siglo pasado el medio centro bajó al área para arropar a los laterales y el dibujo pasó al 1-3-2-5. En las décadas subsiguientes, los interiores que ayudaban a la media pasaron a ser medios que reforzaban la delantera y devino en un 1-3-4-3.

Después creció la retaguardia con el defensa de cierre y un medio centro incrustado a esa primera línea. Todo ello en detrimento de la línea más avanzada que se queda en demasiadas oportunidades con un solo punta de referencia. Para compensar, los laterales se incorporan a la segunda y tercera línea ejerciendo presencia en todo el carril, aprovechando la tupida cobertura de los jugadores que juegan por dentro.

Para desarbolar aquellos equipos que priorizan el juego interior, como sería el caso del Barça, muchos entrenadores introducen la figura del tercer central y reducen al máximo los espacios.

En este fútbol los puestos centrales son capitales y la estadística da cuenta de un mayor riesgo de lesiones. Quizá porque juegan más al límite arriesgando en jugadas más determinantes que precisan de una mayor exigencia física que provocan más lesiones musculares.

En estas condiciones, algunos entrenadores solicitan que haya cinco centrales en la plantilla. Fue el caso, por ejemplo, de Luis Enrique en su brillante etapa como entrenador del Barça, al que llegó para sustituir a Pep Guardiola, con el bagaje exitoso de dos ligas y una Champions League (Berlín 2015), además de otros títulos menores.

El próximo curso 2020-21, con la novedad reglamentaria de poder efectuar hasta cinco cambios en convocatorias que pueden alcanzar la cifra de 23 futbolistas, se requieren plantillas que completen las 25 plazas establecidas y que permitan unas mayores rotaciones para gestionar los esfuerzos.

En la última etapa de Valverde y ahora con Setién el número de centrales bajó a tres: Piqué, Lenglet y Umtiti, que han resultado cuatro con la incorporación de Araujo, jugador del filial. Demasiada precariedad numérica.

En este tramo final, con la eliminatoria inacabada de octavos de final de la Champions League y con la esperanza de alcanzar la clasificación para disputar la Final Eight en Lisboa, las posiciones de centrales preocupan sobremanera.

Umtiti es baja por sus sempiternos problemas rotulares, Lenglet se lesionó en Gasteiz-Vitoria frente al Alavés. En partido de promoción de ascenso con el filial, Araujo padeció un esguince en el tobillo derecho y tuvo que ser suplido.

En el partido de clausura de la liga y ya con el marcador decantado, Arturo Vidal tomó la posición de central junto al veterano Piqué. Puede ser una solución válida de emergencia porque el chileno demostró oficio y versatilidad.

Éric Abidal, como secretario técnico, falló en sus previsiones y ello se ha de corregir en el curso venidero. Se cuenta con tres fijos: Piqué (33 años), Lenglet y el ascendido Araujo. Como se quiere prescindir de Umtiti, jugador que desilusionó al barcelonismo por su poca implicación una vez conseguida una renovación que eleva a doce millones de euros sus emolumentos anuales, se requiere fichar un cuarto central con urgencia.

La repesca de Éric García que pasó de La Masia al Manchester City es el objetivo prioritario y la opción B sería Pau Torres, futbolista revelación del Villarreal. Es conveniente el quinto central, pero si no puede llegar por razones presupuestarias, se puede contar con la predisposición de Arturo Vidal, siempre que no sea objeto de canje en alguna otra operación de las que están en la baraja. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

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