A bote pronto

La mentira en el ADN del Real Madrid

Iniciada la segunda quincena del mes de marzo, la grave situación pandémica del Covid 19 conllevó a una parálisis ciudadana que alteró los usos y costumbres de la población, con incidencia en el orden social y económico del planeta.

Nadie se libró de este azote y tuvo afectación directa en el mundo del Deporte, de la Cultura y del ocio. En planetadeporte.es nos ocupa el deporte, con especial énfasis en el fútbol que es el deporte mayoritario de occidente.

El fútbol no se libró de este estado excepcional y, antes bien, fue objeto de un control riguroso por parte de las Instituciones Públicas por su mayor potencial de riesgo, al unirse el contacto físico de su práctica con la masiva presencia de público en sus gradas. Junto con algún puntual concierto musical, el fútbol reagrupa el mayor contingente de espectadores que, en el caso del estadio Camp Nou del FC Barcelona, alcanza a las cien mil personas.

El fútbol paró tres meses y los fuertes intereses económicos auspiciaron su reanudación, por encima de criterios sanitarios. En el caso de la liga española se jugaron las últimas once jornadas que provocó un cambio de líder que dio el título al Real Madrid. Eso sí fue una competición modificada sustancialmente, donde no había público en los estadios, por lo que los equipos locales habían perdido la correspondencia con los partidos de ida, producidos en la normalidad. También se modificó el reglamento, permitiendo hasta cinco cambios durante el partido en tres fases y un descanso en el ecuador de cada tiempo de juego.

Uno de los grandes problemas que se trataba de subsanar era la contraproducente imagen de las gradas vacías que transmitía frialdad que ultrapasaba la pantalla televisiva. Para ello, LaLiga convino un alarde tecnológico que permitía simular un público virtual. El Real Madrid añadió, por su cuenta, banda sonora con ánimos enlatados hacia sus jugadores.

Donde no observamos antecedentes es en la iniciativa del Real Madrid de ampliar artificialmente las gradas simulando un recinto de superior capacidad a las seis mil localidades de que dispone. Ni cortos ni perezosos, sus ejecutivos han tirado de Photoshop para ampliar las gradas y ofreciendo una imagen equívoca y falsa del estadio Alfredo Di Stéfano, situado en la Ciudad Deportiva de Valdebebas.

Son esas mentiras ingenuas, esos delirios de grandeza, pero que definen una línea de actuación alineada en la trapacería. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

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