A bote pronto

La Champions League es el paraguas del Barça

Estamos en una situación de interinidad, en unos calendarios de actividades cambiados y confeccionados a expensas del Covid 19 que azota al mundo, camino ya de los 700.000 fallecidos, de los cuales casi 50.000 se han producido en España.

La Champions League tuvo que suspenderse cuando algunos equipos les faltaba por jugar el segundo partido de octavos de final. En un principio, se arbitró que esas contiendas previstas en escenarios castigados por el virus se celebrasen en terreno neutral.

En ese caso, la falta de equidad perjudicaba a los clubes FC Barcelona, Manchester City, Juventus de Torino y Bayern de Münich que ya había disputado el encuentro de ida en los campos de los adversarios respectivos, Nápoles, Real Madrid, Olympique de Lyon y Chelsea.

Con la remisión del virus, la UEFA reconsideró la situación y admitió que los segundos partidos tuvieran lugar en su ubicación natural, aunque sin público en los estadios, lo cual ya establecía una situación desigual e irreparable.

La nueva irrupción vírica vuelve a cuestionar estas medidas, de manera que aún no es definitivo la sede de los partidos de vuelta. Por ejemplo, si no se hace una excepción el Real Madrid no podría desplazarse a Inglaterra, ya que según las medidas sanitarias impuestas por el Gobierno británico tendría que someterse previamente a una cuarentena. O hay una remisión expresa de las autoridades o el encuentro se ha de producir fuera de la jurisdicción inglesa.

En la Champions le queda al Barça el último dardo para aprobar el curso. No hay zonas grises, pasaría del suspenso previsto al sobresaliente, debido a la sobrevaloración mediática que tiene el trofeo europeo.

Se le pide al conjunto barcelonista un último esfuerzo que se concentra en cuatro partidos. En primera instancia, ha de hacer buena la igualada a un gol, conseguida en el estadio San Paolo de Nápoles para confirmar su pase a cuartos de final.

En el caso favorable, que peligrosamente ya algunos dan por descontado, la cita será Lisboa en ese apaño de Final Eigth que ha procurado el organismo europeo para salvar la suerte de la competición. De momento, ya obtuvieron billete los equipos de Atalanta, Atlético, Leipzig y P.S.G:

El sorteo tuvo lugar el pasado día diez en la sede de la UEFA en la ciudad helvética de Nyon y concitó los siguientes emparejamientos:

El ganador del Manchester City – Real Madrid se enfrentará al ganador del Juventus – Olympique de Lyon. Semifinal 1: El ganador de cuartos de final 1 (Man City, Real Madrid, Juventus y Olympique) se enfrentará al ganador de cuartos de final 3 (FC Barcelona, Nápoles, Bayern de Münich y Chelsea).

En ese presunto enfrentamiento del Barça con el Bayern el equipo catalán no es favorito, en función del comportamiento de ambos equipos durante el curso. Pero en noventa minutos, puede pasar de todo y si la maquinaria blaugrana está engrasada la pelota puede estar en el tejado.

A la hora de establecer un pronóstico pesimista, pesa tanto la irregular campaña barcelonista como los antecedentes recientes que nos trasladan geográficamente a Liverpool, Roma o Turín, donde el Barça fue abrumado y derrotado por los equipos principales de esas ciudades. Y aún podríamos remontarnos en el tiempo a las temporadas 2009-10 y 2011-12 con los desplazamientos a Milan y Roma en los duelos con el Inter y el Chelsea.

El próximo ocho de agosto, esperemos que pueda ser en el Camp Nou, el FC Barcelona debe obtener su condición de cuartofinalista para desplazarse a Lisboa. Las posibilidades de eliminar al supercampeón alemán pasa porque el equipo ofrezca una versión desconocida en este curso.

Los atletas germanos pueden pasar por encima de una columna blaugrana envejecida, donde son titulares los treintañeros Piqué, Busquets, Alba, Arturo Vidal, Leo Messi, Luis Suárez e incluso Rakitic, sin recambios de nivel contrastado.

Sabe el FC Barcelona que para que la renovación del equipo titular sea más programada que traumática, hay que, primero, ganar el derecho a la opción lisboeta y, luego, hacer un buen papel. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

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