A bote pronto

Ganar, ganar y volver a ganar

Hoy domingo juega el FC Barcelona ante el Betis en el estadio Benito Villamarín en un partido clave que puede definir su suerte en esta liga y también en la temporada. Después de los reiterados fiascos en campo contrario, el partido será una buena pieza de toque para compulsar el estado del equipo, en vísperas de sus visitas a Nápoles en los octavos de final de la Champions League y la disputa del “clásico” en el estadio Santiago Bernabéu

El curso pasado, ante el Betis de Setién, el Barça de Valverde hizo un buen partido con un gran Messi y el resultado de 1-4 reflejó esa superioridad. Hoy, Setién tiene otro examen en una cancha que conoce bien y en un momento delicado. 

Pronto la filosofía del entrenador acerca de la prevalencia de la calidad del juego sobre los resultados se ha derrumbado. El Barça, como todos, destituye entrenadores por los malos resultados, aunque también, ancestralmente, lo haya llevado a cabo porque el empaque futbolístico no haya satisfecho a los exigentes paladares culés. En ese contexto, se explica el cese a Valverde.

El Barça ha empeorado resultados desde la llegada de Setién y los pequeños brotes verdes quedan manchados por la realidad de que el equipo blaugrana ha sido eliminado de la Copa del Rey en cuartos de final, tras llevar una década accediendo a las semifinales y que el equipo ha perdido su condición de líder del campeonato de LaLiga.

Han aflorado las lesiones, desgraciadamente más frecuentes en un deporte que mueve mucho dinero y se juega al límite. En ese escenario, el secretario técnico y el presidente, en su condición de máximo responsable deportivo en ausencia consentida de un director del área, han quedado expuestos a la crítica por su irresponsable imprevisibilidad que aboga al equipo a una situación límite en la emergencia. Nunca un Club, que aspira a todos los títulos en juego, se ha presentado con la precariedad de efectivos que lo hace el FC Barcelona.

La necesidad de fichar a un delantero centro ya es pública y publicada. El mercado restringido apenas ofrece opciones – ninguna ilusionante – y la inanición de Abidal y Bartomeu aboca al Club a pagar más – dinero – por menos – calidad.

Hay que parchear al equipo con el riesgo de que llegue “otro Boateng” que no cumpla con el cometido. Y en el entretanto de tanta desidia, llega el partido de hoy con tres importantes puntos en juego que tratarán de sumar un equipo físicamente debilitado por su esfuerzo en Bilbao y con una moral que pueda acusar el golpe anímico de una eliminación injusta. 

Derrota que llegó por factores endógenos – mala puntería -, pero también exógenos, por el censurable arbitraje de Martínez Munuera y por la circunstancia causal del infortunio, siempre inherente al juego.

Una mejoría en el juego no será valorada si no va acompañada de unos resultados convincentes. Pronto ha observado Setién la necesidad de ganar, ganar y volver a ganar, que preconizaba el gran Luis Aragonés, apodado, no sin razón, como “sabio” de Hortaleza, en razón de su procedencia geografica.

Este Barça necesita sumar puntos de tres en tres para no despegarse de la cabeza y alimentar unas esperanzas de éxito que se antojan quiméricas. La falta de destreza en la dirección del Club no augura mejores perspectivas.  

El antecedente favorable lo podemos encontrar en el Barça de Rijkaard que fue capaz de ganar una liga con catorce hombres útiles, consecuencia de graves lesiones y de la gran diferencia de calidades entre titulares y suplentes. 

Esta circunstancia se repite tres lustros después, aunque en aquel vestuario, del que sobrevive un entonces incipiente Leo Messi, estaban en plenitud Puyol, Xavi e Iniesta que unían al grupo. Ahora aparecen algunos brotes de insurgencia en un vestuario que acusa división interna y el paso inexorable del tiempo, que reduce las prestaciones de los más veteranos. O así piensa nuestra pluma.

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