A bote pronto

Un FC Barcelona timorato abandonó el liderato

La trágica muerte de Kobe Bryant, y de su hija y siete acompañantes más, por la caída del helicóptero en el que viajaban, sigue acaparando el interés mundial, con la afición rendida a la dimensión de un deportista que ya es referente histórico. Como suele decirse en estos casos, la vida sigue y los calendarios y los registros marcan el camino.

Y hay que seguir hablando del FC Barcelona, al que la fatalidad le ha salvado momentáneamente de alguna portada lacerante. En un análisis histórico, observaríamos que lo que le pasa al equipo blaugrana es una constante cíclica, reiterativa en los tiempos. La renovación de las plantillas que han alcanzado el summum cuesta de llevarlas a cabo, consecuencia de conjugar mal los tiempos de presente y futuro.

La plantilla del FC Barcelona goza de un gran cartel, por la nombradía de sus integrantes conseguida por una hoja de servicios prolija en éxitos. Su millonaria cotización produce los costes más elevados, que cuestiona la viabilidad económica de la Entidad. No son costes “a futuro” como expresaríamos en el argot bursátil, si no que valora un pasado ya extinguido. En definitiva, hay una disfunción entre el rendimiento valorado y el real.

Como la historia ha demostrado, es misión muy difícil dominar los tiempos y adelantarse al declive que establece el calendario vital. Las grandes figuras del Barça actual han superado la treintena y alguna otra la merodea.

La inercia y los triunfos domésticos fijaron el posicionamiento de Ernesto Valverde, aunque fuera advertible unas prestaciones en bajada con dos resultados europeos sonoros que socavaron su credibilidad. 

Las urgencias inherentes al fútbol, inalienables al sentido común, llevaron al presidente Bartomeu a la destitución del técnico en una huida hacia adelante que volvía a la mala praxis, aparcada con la destitución de Van Gaal al principio de la nueva centuria, año 2003.

Sonaron los nombres de Pochettino, Koeman, Xavi, Allegri y Setién en una lista abierta que también contaba con algún tapado. La dirección deportiva que preside Josep Maria Bartomeu, al no haber sido cubierta la vacante del vicepresidente deportivo dimitido, barajaba unos nombres que responden a patrones distintos. Ello delata la volubilidad de una línea de trabajo caótica, señalada por los frecuentes cambios nominales en la secretaría técnica. Actualmente son sus responsables Éric Abidal como secretario técnico y Ramon Planes como adjunto.

Es muy complicado para un nuevo técnico, que no estaba en las primeras opciones barajadas, suplir a un entrenador que ha ganado las dos últimas ligas y que deja líder al equipo en la tercera. Sin embargo, Setién está multiplicando los obstáculos al pretender, en la inmediatez, un profundo cambio de orientación táctica en plena competición. 

Poco tiempo para juzgarle aún, pero las sensaciones distan de ser favorables. Un partido de liga en casa que se ganó por la mínima jugando en superioridad numérica, una victoria en Copa ante un Segunda B obtenida en tiempo de prolongación y una derrota ante el Valencia. En los tres casos con el denominador común de las deficiencias en el juego.

La osadía de Setién estriba en querer cambiar el dibujo, procurando a los futbolistas encomiendas distintas a las habituales. Sería el caso de Sergi Roberto, Alba, De Jong y Ansu Fati, primordialmente.

En el año 2008 arribó Pep Guardiola de la mano de Joan Laporta y suscitaba dudas, ampliadas con un inicio devastador que contemplaba la derrota en Soria ante el Numancia y el empate casero en el Camp Nou frente al Racing de Santander. A partir de ahí, el equipo se levantó goleando al Sporting en Gijón para iniciar una racha de victorias que le llevaron pronto a un liderazgo que ya no abandonaría.  

Establecer similitudes conlleva una dosis de optimismo desmesurada, pero también un análisis muy crítico puede resultar apresurado. Sin embargo, Setién tiene que situar en punto muerto su romanticismo para acercarse al pragmatismo que la situación demanda.

En el ecuador de la temporada, no hay tiempo para experimentos y el entrenador debe amoldarse a las características de su plantilla y no al revés como ha pretendido en los albores. De no enmendarse, estará firmando su propia sentencia en el corto plazo. O así piensa nuestra pluma.

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