A bote pronto

Estadios al desnudo

En la década de los sesenta se empezaron a retransmitir partidos de fútbol por televisión. Los profesionales de la comunicación provenían del medio radiofónico, donde el sonido a través de la palabra es la única herramienta posible. Además, obvio, de la administración de los silencios provocados.

Las críticas más comunes que recibían los locutores de la época como Matías Prats, Miguel Ángel Valdivieso, Juan Martín Navas, Jose Félix Pons o Juan Antonio Fernández Abajo es que hablaban demasiado y sus comentarios eran redundantes en el contexto del aplicativo visual. Navas y Valdivieso concentraron su trabajo, básicamente, en las ondas hertzianas.

Si tiramos de hemeroteca, se podría advertir la cantidad de “palos” que le proferían a ese fluir de la palabra sus propios compañeros periodistas especializados en el seguimiento de la televisión por intervenciones tipo: 

Y el balón despejado por el medio volante derecho Felo, con el dorsal número seis a la espalda, ha salido fuera a la altura de la línea de medios. Se dispone a lanzar el correspondiente saque de banda, aún en campo propio, el jugador Benítez, que mira a sus compañeros en busca de alguno desmarcado, …” La esmerada prosopopeya del locutor era replicada también por el televidente en conversaciones tabernarias o soto voce desde casa: “Para que me explica lo que estoy viendo. Ni que fuera tonto”.

Con la multiplicidad de las ofertas todo cambió. La radio luchó con la competencia de la imagen ampliando los focos informativos y dando voz a registros paralelos. Se buscaba atraer al televidente para que complementara la información con la voz radiofónica.

Ahora es un guirigay impresionante. En el estudio de radio, en torno a la televisión (o televisiones) hay un sinfín de analistas que presentan currículos de especialización. Todo por los datos de audiencia, se pisan la palabra unos a otros, elevan el timbre de voz para tratar de hacerse oír, discuten entre ellos hasta que el jefe del corral les hace callar. Convierten la palabra en un sonido inarticulado y desagradable que la Real Academia de la Lengua Española lo define como ruido. Muchas, demasiadas veces, es solo ruido.

En ese escenario de altavoces mediáticos, muchas veces, es preferible sacrificar la información de los datos complementarios que aportan. Justo es reconocer que no en todas las emisoras el fragor de la verborrea es uniforme. Es más acusado en las radios que emiten para un espectro geográfico mayor.

En el caso de Catalunya, los partidos del FC Barcelona tenían la voz en catalán del maestro Joaquim Maria Puyal en Catalunya Ràdio y ha dado paso hace dos cursos al támdem Ricard Torquemada- Bernat Solé que, junto a un fiel equipo de colaboradores, ofrecen unas retransmisiones de formato más ajustado a una emisora pública. Compiten con RAC 1, del Grupo Godó, más desinhibida y bullanguera. 

La “nueva normalidad” del fútbol ha ausentado los espectadores de las gradas y resulta una novedosa experiencia ver los partidos sin voz, solo con los sonidos dimanantes del terreno de juego y de los banquillos. Lo experimentamos en la Bundesliga.   

Solo nos ha faltado oler la hierba fresca recién cortada del césped. Pero hemos oído los sonidos del balón al ser golpeado por el borceguí, el lamento del futbolista ante el fallo, las expresiones de ánimo, las conversaciones grupales, etc. Y uno se queda con la duda de si merece la pena perder la autenticidad a cambio de ese aluvión de registros donde apenas se cuela un diez por ciento de información veraz.

Y volvemos al principio, recordando a los pioneros, todos ellos ya fallecidos, que cuando aprendieron el modelo, resumieron, sabiamente, sus intervenciones a aquellas que ofrecían valor añadido por el aporte de información.

Hasta ahora, la nueva radio requiere de ruidos y aspavientos, para retener al oyente en su dial. Cuando el receptor eleve el listón de exigencia y valore la calidad del mensaje ofertado, el emisor se vea obligado a rectificar.

Algunos preferimos captar el sonido del balón al tropezar con la cepa del poste y que no queden solapadas por las reiteradas observaciones de muchos opinadores que van a los estudios radiofónicos enfundados con la camiseta de su equipo. Sus deseos les nubla la vista y el cerebro. O así piensa nuestra pluma.

Twitter: @albertgilper 

Facebook: Barça universal

www.planetaDeporte.es