A bote pronto

El engaño de Setién y el fiasco de Abidal

En enero Josep Maria Bartomeu tuvo a bien sacrificar la cabeza de Ernesto Valverde para acallar algunas voces de compañeros de Junta Directiva y otras del entorno que incluyen ciertas plumas y voces que ejercitan en los medios de comunicación.

Sin duda, fue un mal diagnóstico el que llevó a esa decisión, contra natura desde que a principios de centuria se despidiera al holandés Van Gaal. Ayudó la descomposición de la secretaría técnica que padece el Club, desde que el presidente prescindiera de Andoni Zubizarreta, en razón a que ”le había perdido la confianza”.

La crisis de esa inexperta Secretaría Técnica, al mando de la cual se halla el ex futbolista blaugrana Éric Abidal es galopante y ha alcanzado cotas irreversibles de ineptitud.

A raíz de unas inoportunas declaraciones, tuvo problemas con la plantilla y, en particular, con el capitán Leo Messi que le llamó a capítulo, para censurar sus declaraciones y movimientos, invirtiendo el orden jerárquico del organigrama. Desde que ello ocurriera, ha permanecido más en la sombra, no apareciendo en algunas situaciones significativas, como fue la negociación de la bajada de sueldos, tema que personificaron Bartomeu y el CEO, Òscar Grau.

La confección de la plantilla 2019-2020 ha resultado impresentable y al Club le han faltado recursos humanos para atender los compromisos deportivos. Se fueron dando bajas como las de Rafinha, Denis Suárez, Todibo, Waqué y Carles Pérez, sin que se produjeran recambios, a excepción del fichaje de Braithwaite, solo válido para la liga.

La situación de excepcionalidad fue elocuente este sábado en la disputa del partido de vuelta de los octavos de la Champions League ante el Nápoles. Con las bajas de Umtiti y Dembélé por lesión, Busquets y Arturo Vidal por sanción, Arthur Melo por incomparecencia y la asumida de Braithwaite, el entrenador Quique Setién solo disponía de trece hombres con ficha del primer equipo, dos de ellos porteros.

Incluyó en la convocatoria nueve futbolistas con ficha del filial y juvenil para sumar veintidós hombres y quedar uno por debajo del cupo autorizado: Ansu Fati, Iñaki Peña, Ludovit Reis, Monchu, Riqui Puig, Konrad de la Fuente, Ronald Araújo, Óscar Mingueza y Sandro Orellana.

El técnico, pese a las muestras de cansancio de algunos futbolistas demoró el primer cambio hasta el minuto 84, dando entrada al debutante Monchu y ya en tiempo de prolongación dio entrada a Junior. Por el contrario, Gattuso apuró los cinco cambios.

Si Abidal está resultando un fiasco, tampoco va a la zaga el entrenador designado por éste (en la teoría que se sostiene por la aplicación del organigrama). Se opuso con firmeza que los futbolistas Ansu Fati y Riqui Puig, en dinámica del primer equipo, reforzarán al equipo filial Barça B en su lucha por el deseado ascenso a Segunda A que, mermado no pudo conseguir para beneficio del Sabadell. Luego llega el partido y no les da minuto. Setién procedió como el perro del hortelano, que ni comía ni dejaba comer.

En la edición de ayer de A Bote Pronto, criticamos las incongruencias verbales del entrenador del Real Madrid, Zidane. En la última rueda de prensa, Setién compitió en incoherencias que se pueden traducir por mentiras. Vio solo él (y quizá su compulsivo ayudante Eder Sarabia) “una primera parte extraordinaria”, olvidándose del sesteo de los primeros minutos en que bien pudo adelantarse el cuadro italiano que disparó a la madera. También comentó una presión alta continuada que solo fue advertible en momentos muy puntuales y, queda, el viejo truco de resaltar las virtudes del rival napolitano (séptimo del scudetto a 21 puntos del campeón Juventus).

El técnico cántabro arribó al Club y citó el modelo cruyffista como marco de actuación. Nada más lejos de la realidad. En plena competición, pretendió unas variantes en el dibujo táctico para llevarlo a un 3-5-2 que los veteranos no le aceptaron y tuvo que volver al clásico 4-3-3, reconvertido al 4-4-2.

Por las urgencias resultadistas, al verse examinado jornada a jornada, dio la espalda a la cantera y se concentró en la plantilla del primer equipo, peligrosamente escuálida de efectivos y sobrada de años.

En esta recta final de esta temporada atípica, aún queda una pieza mayor como es la Champions League. En el mejor de los casos, hay tres finales por delante. Un tour de force de todos y contando con la jerarquía del mejor jugador del mundo, Leo Messi, podría conducir al equipo al milagro.

Si así fuera, no debiera alterar para nada la profunda reestructuración que pasa por la destitución de la secretaría técnica y del entrenador, además de una potenciación de la plantilla cualitativa y cuantitativamente, considerando que el curso que viene se mantienen por la FIFA la disposición de los cinco cambios en convocatorias de 23 futbolistas. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

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