A bote pronto

El VAR de nuestros sufrimientos

La incorporación del Video assistant referee, más conocido por el acrónimo VAR,  ha irrumpido en el fútbol para darle una capa de justicia deportiva. Se demoró en exceso para muchos de sus partidarios, pero su puesta en práctica ha dado munición a sus detractores.

En las reseñas de los encuentros se citan tanto al árbitro de campo como al que preside la sala VOR de la Ciudad Deportiva de Las Rozas. Aunque la última palabra la tenga el colegiado que dirige la contienda desde el rectángulo, muchas veces las apreciaciones desde la mesa de control son validadas sin compulso posterior.

En ocasiones, en las llamadas jugadas de interpretación, se le insta al árbitro a que revise la jugada desde el monitor situado a pie de campo.

Se producen estas casuísticas:

1 – El colegiado resuelve la jugada sin interferencias. La clásica

2 – El colegiado arbitra la jugada, pero recibe indicaciones de la sala VOR

3 – El árbitro se reafirma en su decisión primera.

4 – Al colegiado le crean elementos de duda y verifica la jugada por la moviola

      a – Se ratifica en su decisión primigenia

      b – Modifica la decisión inicial.     

Todas estas secuencias crean confusión y diferido de las respuestas modifica los estados de ánimos de deportistas y aficionados.

De siempre, las situaciones de duda se liquidaban rápido en una consulta del juez principal al auxiliar de banda. Ahora, todo este enojoso proceso produce alteraciones graves, más allá de los errores inherentes o implícitos.

El espectador debe gestionar las emociones para controlar los estados de ánimo. Si la jugada resulta a favor, conviene diferir la alegría hasta que el juego no se haya reanudado. Por el contrario, si se produce un revés, aún le queda la esperanza de un reguero de verificaciones que favorezcan el rearbitraje de la jugada en sentido contrario.

La causa y el efecto no siempre concurren en la misma jornada. Se benefició el Real Madrid en un partido de Champions League, donde justificaron una posible falta en ataque en una acción muy anterior para anular un gol al rival. En menor medida le pasó al FC Barcelona, que se sintió perjudicado este domingo en La Cerámica de Vila-real al anularse un gol a Messi por un posible fuera de juego de Arturo Vidal que se produjo en una jugada anterior.

Uno que ha visto fútbol desde infante, recuerda la tristeza profunda que te invadía después de la alegría efímera de un gol que luego fuera anulado. Desde entonces, como acto reflejo, cuando se produce un gol mi mirada, al unísono va hacia el linier para ver si corre en dirección al centro del campo y al pitido del árbitro.

Ahora, todas estas precauciones para diferir, por temor, la alegría por un gol, no son suficientes y has de esperar a que el juego se reanude. Hasta entonces, la decisión no es firme.

Observamos cada jornada el clamor de alegría de unos jugadores que festejan el gol, algunos de ellos con toda una parafernalia para nada improvisada y que forma parte de un ritual que tienen criterios de proyección de una determinada imagen pública. Un explosión de euforia que se ve cortada de raíz por una decisión distinta tomada desde la filmación con diversas repeticiones. Sin tener en cuenta que, cuando se cambian el registro de las velocidades, también puede adulterarse la bondad del veredicto.

En LaLiga, el VAR parece más un impedimento que una fórmula para otorgar mayor justicia deportiva. La falta de criterio uniforme en la aplicación exaspera a los aficionados y desprestigian internacionalmente a LaLiga. Algunos cuestionan esa imputación, porque sí creen advertir una  línea unidireccional que beneficia al mismo equipo.

A la recopilación de datos estadísticos nos remitimos y ello ha obligado al presidente del FC Barcelona a quejarse a través de la retransmisión televisiva de Movistar. La duda que se establece es si Josep Maria Bartomeu se ha manifestado de motu proprio o le han conminado a hacerlo desde el entorno. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

Barça universal, grupo de facebook

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