A bote pronto

Diez años de la Euroliga de París y de Laliga en Sevilla

En el mes de mayo se acostumbran a decidir y proclamar los campeones del curso. Por ello, prácticamente todos sus días son fechas para la efeméride. Este pasado día dos, dedicamos el A Bote Pronto a conmemorar los once años el tanteo 2-6 del estadio Santiago Bernabéu que pasó a la historia de los “clásicos”. Hoy debemos hacer lo propio para festejar los diez años del triunfo conjunto del fútbol y el baloncesto.

Después del fiasco del Barça en la Euroliga de Berlín 2009, el baloncesto blaugrana repitió con mejor suerte en la Final Four de París-2010. Allí volvíamos a estar, acreditados por la revista digital bkball.net, luego ampliada a la actual planetaDeporte.es

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Ese ocho de mayo de 2010 fue una jornada inolvidable que principió con el partido de fútbol que el Barça debía ganar en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán y certificar el título liguero ganando la última jornada en el Camp Nou al Valladolid. Ganar en Sevilla era una necesidad. Jordi Robirosa de TV3 nos aleccionó sobre un bar que sabía conectaría con el partido. Creo ubicarlo por la zona de la Université Sorbonne de París Nord

Allí nos fuimos varios enviados especiales y el local, demasiado pequeño, no daba para casi un centenar de personas que necesariamente de pie y apretujadas al límite seguimos con pasión las incidencias. No había espacio para elevar el brazo y llevarse a los labios la cerveza que, en muchos casos era, irremisiblemente, derramada sobre la ropa. Corrían las jarras de birras, que pasaban de mano en mano para llegar al destinatario ya mermadas del líquido rubio.

Pero tantas penurias valían la pena por la marcha de un marcador que llegó a ponerse en un 0-3 con goles de Messi, Bojan y Pedro. La faena parecía hecha y la euforia ya se desataba, viendo al equipo de Guardiola que bordaba el fútbol. Uno, más veterano y que ha vivido otros desengaños, hacía alusión a la metáfora taurina de que hasta el rabo todo es toro. 

Fui mal agüero, como algunos me reprocharon y otros me reconocieron, y en dos despistes defensivos, en solo tres minutos, marcaron sendos goles las dos figuras sevillistas, Kanouté y Luis Fabiano. Faltaban aún veinte minutos y otro gol local hubiera echado por tierra las ilusiones. Lo buscó el Sevilla e incluso hubo una arriesgada intervención de Abidal dentro del área que sembró inquietudes. Pese al susto en el cuerpo, se había puesto la liga en bandeja de plata, como se corroboraría la última jornada venciendo a un Valladolid que aspiraba a puntuar para salvar el descenso de categoría.

Pero a París nos habían llevado los hombres de la canasta y, raudos nos trasladamos en tropel al Palais Omnisport de Paris Bercy, donde se tenía que disputar la gran final frente al Olympiacos Piraeus.

El FC Barcelona dominó el partido y el resultado final de 86-68 refleja esa superioridad que daba el título de mejor equipo de Europa a los blaugranas. Al finalizar, muchos medios pudimos alcanzar la pista antes que la Seguridad pusiera remedio. Desde esa privilegiada posición, compartimos la pista con los héroes, con micrófonos y grabadoras testimoniando tan feliz momento.


Había corrido el rumor, luego confirmado, de que el presidente Joan Laporta había contratado un vuelo privado para hacer el viaje de Sevilla a París. Pudieron llegar, in extremis, a tiempo para festejar en la pista el éxito. En esa reducida expedición, con el presidente al frente, estaban los capitanes Puyol y Xavi que se fundieron en abrazos con sus colegas, algún periodista como Bernat Solé desplazado a Sevilla y algún jugador y directivo más.

Fue la última Final Four que pudimos alcanzar la pista a la conclusión. A partir de entonces, se extremaron las medidas cercando el rectángulo solo para los contendientes.   

Un ocho de mayo para siempre en nuestra memoria por las vicisitudes con final feliz en el fútbol y la apoteosis del baloncesto.

O así piensa nuestra pluma.

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