A bote pronto

De Campanal a Piqué

Ha muerto Goyo Benito, defensa central del Real Madrid al que el seleccionador Ladislao Kubala hizo internacional. Sustituyó en el equipo blanco a De Felipe (aquel que había lesionado al blaugrana Bustillo y cuya lesión le llevaría a la retirada). Fue un central durísimo, siempre al filo de la ilegalidad, pero contó el favor de una camiseta blanca tradicionalmente consentida y la falta de buenas imágenes televisivas que le delataran. Recuerdo en el Camp Nou (Liga, 19-9-1976) un gol de Juan Carlos Heredia al que dejó sentado al defensa y certificó la victoria blaugrana por 3-1.

Husmeando archivos propios, encuentro una carta que me publicó el semanario Don Balón que editaban José María Casanovas y José María García que tenían a Mercedes Milá Mencos de directora. Corresponde al número 52 de la revista, fechada el 28 de septiembre de 1976. La transcribo íntegramente:

“El “derbi” nacional del pasado 19 de septiembre de 1976 tuvo diferentes matices y circunstancias susceptibles de comentario y consideración. Señalemos una que atañe al señor Kubala con vistas al próximo partido internacional a orillas de la Giralda. Fue ésta la muy deficiente actuación del central Benito. Jugador veterano que fundamentó su juego en sus mejores años en la exuberancia física.

Parcialmente falto de esa condición, como ya demostrara la temporada pasada en diferentes pasajes, se advierte con mayor notoriedad sus precarios recursos técnicos, que, a nuestro leal parecer, le invalidan como jugador de talla para un equipo primate como el que defiende y, lógicamente, para la selección.

Es este un caso más, si acaso el más reciente, pues la historia es siempre repetitiva y la balompédica no podía ser la excepción.

Y uno no oculta su satisfacción de ver cómo jugadores que han propasado los límites de dureza del juego con intervenciones punibles y totalmente reprobables son desplazados o superados por futbolistas con mejores aptitudes técnicas y conocimiento de la profesión que libremente eligieron. O así piensa nuestra pluma”.

El puesto de defensa central ha cambiado notoriamente con el paso de las décadas. Se ha reinventado y se le exige unas capacidades que antaño se ignoraban.

Antes eran elegidos para el puesto los más rudos, con mayor apariencia física que acongojaran al “nueve” adversario y más si el delantero era el visitante. Se valoraba que intimidara al delantero en las pelotas divididas y se le requería que si pasaba el balón no pasara el atacante. Se entraba al bulto, por bajo, los tobillos rivales quedaban maltrechos y, por alto, la argucia de los codos en el salto era una constante.

El entrenador defendía el despeje largo del central fuera de la zona de peligro, valorando más el espacio recorrido por el balón, pues difícilmente podía ser recogido por un compañero. 

El fútbol moderno no rifa ningún balón y es jugado desde atrás con solvencia técnica, que ya parte del guardameta. Ahora el portero juega el balón para crear superioridad numérica, antes era el defensa con más potencia de desplazamiento, generalmente el central, quien efectuaba los saques de puerta con el arquero de espectador bajo palos.

El central solo abandonaba el área propia en la emergencia de un marcador en contra y con el juego parado para tratar de rematar de cabeza algún balón colgado al área. 

Desde la segunda mitad del siglo pasado, el fútbol español se nutría de centrales con este perfil. Nos vienen a la memoria, a vuela pluma, Marcelo Campanal en el Sevilla, Quincoces en el Valencia, Jorge Griffa en el Atlético, Pepe Santamaría en el Real Madrid, Sertucha en el Sabadell (jugaba con un pañuelo frontal), Gallego en el Barça, De Felipe en el Real Madrid, Mingorance en el Córdoba y Espanyol, Paco Santamaria en el Zaragoza, Migueli en el Barça, Goicoechea en los dos Atléticos, Arteche, Fernando Hierro en el Real Madrid, etc. Sin duda, los lectores podrán ampliar esta lista, que debe incluir entre los coetáneos al iracundo Pepe y a Sergio Ramos. 

En estas nominaciones justo es señalar la evolución de Migueli, que tuvo enamorado al entrenador César Luis Menotti por el buen manejo de balón. Actualmente, Ramos también ha ido experimentando una condición técnica muy apreciable que ha llegado hasta ser especialista en lanzamiento de faltas. En el momento actual, a sus 33 años, parece más fiable con el balón en posesión que en las labores de cobertura.

Hubo alguna excepción de centrales de los años sesenta que fueron adelantados a su tiempo. Recordamos al blaugrana Ferran Olivella que fue capitán y campeón de la Eurocopa de Naciones en 1964, a Jesús Garay, jugador del Athletic Club y que con 30 años militó en el Barça. Tenía una elegancia natural que una década después advertimos en el Káiser Franz Beckembauer.

Gerard Piqué encarna a esta generación de futbolistas que ya nacieron bajo unos patrones de calidad exigida. Sus capacidades le llevaron en edad juvenil a La Premier League y fue repescado por el Barça el curso 2008-09, donde pronto se hizo sitio compaginándolo con el mejicano Rafael Márquez, otro gran central de la era moderna. Después aprendió al lado de Carles Puyol, un bastión defensivo que era capaz de jugar noventa minutos sin cometer falta alguna.

La calidad de los campos de juego, donde ya no hay lodazales impracticables, las imágenes delatoras de las cámaras y la mayor profesionalidad de los futbolistas ayudan a disminuir la violencia y la picaresca del futbolista.

El fútbol ha ganado mucho, nuestra liga es un ejemplo, donde cualquier equipo se puede subir a las barbas de los más primates. Un equipo de la segunda mitad de la tabla podría ser superior a los equipos campeones de los sesenta, setenta y ochenta. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

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