A bote pronto

El cisma del Barça

Las declaraciones explosivas de Éric Abidal tuvieron réplica contundente del capitán Leo Messi y el presidente Josep Maria Bartomeu tuvo que abandonar privadamente una reunión en el Parlamento europeo en Bruselas, propia del cargo deportivo que ostenta. Avanzó el viaje a Barcelona con la misión de hablar con los actores de la tormenta y evitar que se convirtiera en un tsunami incontrolable.

La síntesis de ese cruce de comentarios se deriva de la acusación de Abidal respecto a que muchos jugadores no estaban motivados con Valverde, cuyo desenlace de rescisión ya llevaba un tiempo preparándose. La respuesta del capitán no se dejó esperar y respondía a la lógica: “habría que dar nombres porque, si no, se nos está ensuciando a todos”.

El recorrido del cuarto secretario técnico de la “era Bartomeu”, tras los pasos de Andoni Zubizarreta, Robert Fernández y Pep Segura, tiene fecha de caducidad en el corto plazo. Bartomeu, que tiene siete vidas como los gatunos, sabe que sacrificar ahora a Éric Abidal puede volverse en su contra, por la reciente destitución del entrenador y la trascendencia deportiva de las fechas. 

Abidal ocupa el cargo desde mitad del año 2018 y su horizonte puede tener que ver con la fecha de las elecciones presidenciales previstas para el próximo año, pero que los acontecimientos pueden acelerar su fecha. Ni siquiera una directiva continuista estaría por la labor de mantener al secretario técnico. 

En las puertas de los cuartos de finales a partido único en el nuevo estadio de San Mamés, la reanudación de la Champions League en octavos y a cuatro jornadas del “clásico” en el estadio Santiago del Bernabéu en LaLiga, el presidente ha procurado restablecer la cordura entre el secretario técnico y el capitán, antaño compañeros de equipo con buenas relaciones personales.

El presidente se reunió con Abidal y el CEO, Òscar Grau, por espacio superior a dos horas para limar asperezas y fijar el camino. Nos han vendido que se ha firmado la pipa de la paz, pero está cogida con pinzas. El secretario técnico no trabajará con perspectiva de futuro porque sabe que su suerte está echada.

El presidente, que había hablado previamente con Leo Messi y Quique Setién, por separado, nos ha vendido la idea de que el argentino ha comprendido el significado de las palabras de Abidal, advirtiendo los matices de su argumentación y que han quedado superados todos los resquemores. 

Lo cierto es que la programación deportiva está resultando un desastre con una reducción de plantilla temeraria que ha debilitado alarmantemente el potencial de la plantilla en este mercado de invierno. 

La plantilla ha quedado con solo dos delanteros efectivos, además del asimilado Fati de 17 años con ficha en el Barça B. Con la incógnita siempre de Dembélé y la baja de larga duración de Luis Suárez, se traspasó a Carles Pérez a la Roma, Abel Ruiz al Braga, Marqués a la Juventus en un intercambio. Una nueva lesión de Dembélé y del japonés del filial Hiroki Abe empeora aún más el panorama. Transacciones de difícil comprensión, tanto deportiva como económicamente. 

El Barça, que desechó operaciones de compra y solo actuó a futuro, debe acudir ahora a un mercado muy restringido, que solo sirve para las competiciones domésticas. No hay nombres atractivos y la lista de refuerzos que se baraja se corresponden con los nombres de Lucas Pérez, Ángel, Rodrigo, Willian José, Borja Iglesias, Gameiro y Loren. Resuelta la emergencia, ninguno de ellos apunta potencial para seguir su carrera deportiva en el Barça

No es frecuente ni conveniente que los directores deportivos sean interlocutores con la prensa, ya que aportan poco y asumen riesgos de cometer torpezas, como ha sido el caso de Abidal. Y pudiera ser el caso del entrenador Setién que, en su deseo de quedar bien con la prensa, acostumbra a prolongar las respuestas excesivamente, multiplicando el riesgo de errar.

La restauración más efectiva de la crisis institucional pasa por ganar en San Mamés y clasificarse para las semifinales de Copa del Rey. Es evidente que entre los jugadores ha habido una sutura y ello se advierte, por ejemplo, en la prescindencia del corro de los futbolistas previa al pitido inicial de los partidos para conjurarse la victoria.

Los jugadores tendrán la última palabra y la suerte del curso está en sus manos. Leáse, pies y cabeza. O así piensa nuestra pluma.  

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