A bote pronto

El Bayern lidera Europa

Hoy, festivo en Barcelona, que celebra la festividad de la Merçè, su Santa Patrona, ha sido una jornada descafeinada, por la obligatoria modificación de todos los actos lúdicos, tradicionalmente con asistencia masiva de la ciudadanía.

Ha coincidido con una fecha marcada en el calendario futbolístico para jugarse la final de la UEFA SuperCup, que han disputado los campeones de la Champions League y de la Europa Ligue, Bayern de Münich y Sevilla FC, respectivamente.

Han jugado en el moderno Puskas Arena de Budapest con una pequeña representación de ambas aficiones, más numerosa la bávara, cifrada en unas dos mil personas, mientras que la sevillista sumaba unos quinientos aficionados.

Hay que felicitar al campeón alemán por su victoria en la prórroga por dos goles a uno, pero también al Sevilla que ha contribuido meritoriamente al espectáculo, poniéndole las cosas difíciles al justo vencedor, que ha tenido también en el árbitro inglés Taylor un elemento distorsionador.

Marcó primero Ocampos al transformar un penalti interpretativo señalado por el colegiado. Razón por lo que no intervino el VAR, pero que pareció, a ojos de la mayoría, una concesión excesiva la sanción a Alaba en su pugna con Rakitic.

La defensa férrea nervionense y el cancerbero Bono, retrasaron la igualada hasta el tramo final. Habían fallado oportunidades ante el marco Lewandowski, Pavard y Müller por lo que la maquinaria alemana no reflejaba en el marcador su producción de fútbol.

Llegó el gol, por fin, en un excelente toque del delantero polaco, retrasando el balón para que Goretzka que venía de frente cruzara el balón al ángulo bajo.

En el segundo período, le fueron anulados dos goles a los alemanes, en sendas magníficas jugadas colectivas. En ambos, intervino Lewandowski. En el primer caso, por estar ligeramente adelantado al defensa y, en segunda instancia, por atribuírsele una falta al defensa Escudero de forma harto rigurosa.

A las acaballas, en un contragolpe en superioridad numérica, En-Nesyri pudo marcar en un balón que salvó Neur con el pie, demostrando su consideración de mejor portero del mundo.

Se llegó a la prórroga y En-Nesyri gozó de otra oportunidad en un balón que desvió nuevamente Neur y fue repelido por el palo. No obstante, caso de ser gol, hubiera intervenido el VAR para señalar el fuera de juego del sevillista, por lo que esta oportunidad no debe computar.

El cansancio hizo mella en ambas formaciones, pero el alud de juego tenía firma alemana. Kimmich Tolisso, habían gozado de sus ocasiones. Pero el gol que vale el título vino de un córner concedido erróneamente por Diego Carlos. Hubo un remate alto de Álaba repelido con blandura por Bono y en línea recta, que propició una segunda acción, esta vez con la testa, del recién salido Javi Martínez. Con buen movimiento de cuello desvió el balón lejos del alcance de Bono que, hasta ese momento, había realizado un gran partido.

Ante la trituradora alemana, el Sevilla jugó con gran amor propio e intensidad. Perdió en la prórroga apurando sus opciones hasta el pitido final. Ante ese equipo, los aficionados sevillistas pueden y deben estar orgullosos. Nada que ver con el sangrante 2-8 que recibió el FC Barcelona en el estadio Da Luz de Lisboa hace un mes en los cuartos de final de la Champions League ante el mismo rival de la capital de Baviera. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

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