A bote pronto

Barçagate o el ruido interesado

En febrero la Cadena SER lanzó la exclusiva acerca de la monitorización de las redes sociales, en una campaña difamatoria por la que la directiva del FC Barcelona era acusada de malas prácticas.

Se aseguraba que el club blaugrana había contratado a la empresa I3 Ventures para controlar los estados de opinión en las redes sociales y difamar a personajes como Xavi Hernández, Joan Laporta, Pep Guardiola o Leo Messi, entre otros.

Cualquier noticia que impacta en la línea de flotación blaugrana es objeto de la desmesura, con altavoces mediáticos que dimensionan exponencialmente la incidencia, a beneficio de sus fobias y filias.

El FC Barcelona encargó una auditoría externa a la empresa Price Waterhouse Coopers – PWC –para desentrañar la verdad de esas intrincadas maniobras que destapaban una campaña contra la honorabilidad de directivos actuales, jugadores de la plantilla y figuras emblemáticas del entorno barcelonista.

Era un trabajo ímprobo, pero cuya estimación temporal no alcanzaba el mes. Sin embargo, ha durado cuatro, perjudicados también por la aparición de ese maldito virus que ha frenado las actividades mundanas en grado superlativo.

Pocas credibilidad se le otorgó a la directiva de Bartomeu y éste ha sufrido en sus carnes una campaña de desprestigio en grado alto, acuñándose el término adaptado de Barçagate, que, por sus connotaciones, ya resultaba una declaración de intenciones.

Esta auditoría no puede hacerse pública, como requería el cesado ex vicepresidente Emili Rousaud,  pues está sujeta a la confidencialidad. Una copia ha sido expedida a los Mossos d’Esquadra, por reclamo de la jueza, ya que media una denuncia elevada por ocho socios del Club, cuya identidad no ha trascendido.

El FC Barcelona ofreció una rueda de prensa con la presencia del letrado Román Gómez Ponti y del portavoz de la directiva Josep Vives. Se sintetizaron las tres conclusiones que exoneran de culpabilidad a la directiva:

– No se ha demostrado ninguna campaña difamatoria contra nadie.

– No aparecen prácticas de corrupción, en contra de las declaraciones acusatorias de Rousaud de que “alguien había metido la mano en la caja”. PWC no ha detectado movimientos de los que se desprenda beneficios económicos.

En cuanto al precio pagado por los servicios contratados se establecen dentro de la franja del mercado con unos vectores que van desde los 850.000 y el 1.300.000 euros. Se firmaron contratos las temporadas 2017-18 por un importe anual de 1.107.500 y en los cursos 208.19 y2019-20, sendos contratos por valor de 947.700.

La auditoría señala que no se cumplieron los protocolos de control interno al fraccionar estas cantidades en importes más reducidos que permitían su aprobación directa sin pasar por la Comisión delegada. También descubre la inspección de que quedan trabajos ya atendidos y pendientes de entrega.

Sobre la primera circunstancia, el Club se justifica porque esos pagos correspondían a diferentes departamentos que requerían una imputación directa, de acuerdo a una contabilidad segregada por cédulas. Respecto a los trabajos pendientes, se estaba al caso respondiendo a un calendario acordado.

PWC ha tenido que trasegar diez mil informes y verificar cien mil correos electrónicos, revisando ordenadores, teléfonos y otros útiles informáticos.

Josep Vives se creció y anuncio medidas legales contra los medios y personas que les han imputado procederes ilegales: “Hemos convivido con acusaciones falsas e infundadas sobre este asunto. Aspiramos a restaurar el daño reputacional al Club.”

Esta auditoría también refuerza a Bartomeu y los suyos con respecto a las acusaciones de Jaume Roures y las suspensiones de empleo del director del área de Presidencia, Jaume Masfarrer, apartado del cargo y de la Compliance Officer, Noelia Romero, despedida y a la que se acusa de presentar una investigación repleta de falsedades.

Aún habrá algún recurso pendiente que ocasione algún ruido menor. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

Barça universal, grupo de facebook

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