A bote pronto

El arbitraje y el VAR contra el Barça en Bilbao

No nos gusta hablar de los árbitros cuando se pierde, porque tiende a confusión, A excusa para justificar un resultado negativo. De ahí que titulamos el artículo de ayer atribuyendo al azar la derrota del Barça. Sin embargo, en el texto ya advertimos de una jugada polémica que resultaría clave para el desenlace.

Corría el minuto 65 de juego cuando De Jong entra en el área y en posición de disparo el lateral Ander Capa empuja con el hombro la espalda del holandés con la suficiente fuerza para derribarlo. El penalti pareció meridiano y la afición vasca se temió lo peor. No obstante, el colegiado valenciano Juan Martínez Munuera, muy cerca de la jugada decretó que continuara el juego, sin ni siquiera asistirse del VAR. Ya había mostrado cartulina de amonestación a De Jong porque apreció “piscinazo” en una jugada anterior producida nueve minutos antes, sin que el holandés reclamara nada.

El VAR, al frente del cual se hallaba el colegiado canario Alejandro Hernández Hernández, entendió que era una jugada interpretativa y no activó ningún protocolo de advertencia. 

Como explicamos en la última edición de A Bote Pronto se trata del mismo colegiado que en su debut en un partido del Barça pasó por alto, de forma incomprensible, un clamoroso pisotón del guardameta periquito Pau López a Leo Messi.

Ya en la dirección del juego, el colegiado dio muestras de desafección con el Barça en una desigual consideración de las faltas imputadas y en las sanciones disciplinarias. Ya habían sumado cuatro cartulinas los blaugranas Semedo, a la primera falta en el minuto 5, y Messi, Quique Setién por protestar, cuando Yeray vio la primera rojiblanca por una falta al argentino en “jugada prometedora”.

Al final, la proporción de tarjetas fue de siete a tres para perjuicio de los visitantes, y pese a que la mayor reciedumbre tuvo visado vasco.

Normalmente se aplica bien el reglamento cuando el VAR actúa, pues son jugadas objetivables. Las injusticias provienen, básicamente, por omisión, cuando la sala VOR se inhibe, escondiéndose bajo el paraguas protector de la “interpretación”. Lo que no es de recibo es la altivez y prepotencia arbitral al renunciar a la tecnología para reafirmarse en su primera decisión.

Quienes creían que con el VAR iban a desaparecer las polémicas estaban en un craso error. Las han incrementado, además de ralentizar el juego de forma exasperante.

El Barça perdió porque le falló la puntería y le sobró la osadía de un colegiado que se creyó impune a los errores. O así piensa nuestra pluma.

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