A bote pronto

20 años del escándalo Figo

Este verano se cumplen veinte años de la primera entronización de Florentino Pérez en el Real Madrid, de la mano de su fichaje estrella Luis Figo arrebatado al FC Barcelona con miseria moral del futbolista.

Fue un fichaje sorprendente y una obra electoral de Florentino Pérez para hacerse con la presidencia blanca, cuando las quinielas daban por hecho la continuidad de Lorenzo Sanz, fallecido tristemente en esta pandemia, después de que el Real Madrid ganara la Champions League.

El aspirante presidencial puso sobre la mesa 500 millones de pesetas a Figo, asegurándose el fichaje y cuyo importe iba a la cartera del portugués en el caso de que Florentino Pérez no consiguiera el objetivo. Figo vio una partida fácil y apostó por ganar tan generosa cantidad no midiendo el riesgo de la sorpresa.

Las urnas, con la polémica del voto por correo, confirmó el vuelco en el palco blanco y Figo, que ya ejercía de capitán del FC Barcelona en su quinta temporada, se le vino el mundo abajo. Pretendió a la desesperada que el Barça pagara este importe a modo de prima de fichaje, pero Joan Gaspart no accedió y montó en cólera.

El trasvase se había consumado y el escándalo y la violencia verbal de unos y otros tomó dimensiones colosales. Figo estaba señalado como el Judas Iscariote del fútbol. Hasta el último momento negó la mayor de aquel cambalache, confiando que las urnas confirmaran el pronóstico. No fue así y se consumó la infidelidad del capitán blaugrana con contrato en vigor. 

El Real Madrid pagaría algo más de 10.000 millones de pesetas por la cláusula de rescisión. Aunque, al final la fórmula elegida por la Junta de Gaspart fue la del traspaso que favorecía los intereses fiscales blancos. Una decisión nunca explicada y que queda en la nebulosa de las especulaciones.  

Figo vino con la camiseta blanca en partido de liga el 21 octubre 2000 en medio de un ambiente muy crispado. El Real Madrid perdió por dos goles a cero y el portugués se escondió por las franjas centrales del campo, eludiendo el lanzamiento de córners.

Una oportuna y sospechosa suspensión por acumulación de tarjetas evitó la presencia ingrata del luso en el curso siguiente. Pero el mayor escándalo del Camp Nou, junto con el “affaire Guruceta” en la década de los sesenta en otro “clásico”, tendría lugar el 23 de noviembre del año 2002.

La animadversión hacia el futbolista el tiempo no la había amainado y el Camp Nou le recibió con unas muestras de odio como nunca se habían apreciado desde que se inaugurara en 1957. Al portugués le lanzaron billetes y monedas, las gradas exhibieron toda clase de mensajes despreciativos y hasta llegó al césped una cabeza de cochinillo a modo de cruel metáfora. Imagen captada por el diario local madrileño AS y reproducida internacionalmente. Aquel partido terminó sin que se moviera el marcador inicial. 

El Camp Nou se libró de sanción por unas triquiñuelas administrativas que comenzaron por acudir el Barça a la Justicia ordinaria. 

Veinte años después, la herida sigue abierta. El ex capitán nunca reconoció su traición, reforzada con sus mentiras sostenidas hasta el último suspiro. Es más, mostró siempre rencor hacia el FC Barcelona y sus declaraciones siempre han sido desabridas para la Institución blaugrana.

Figo ha concedido una entrevista a El Club del Deportista y ha reconocido: «Yo siempre pensé que nadie sería capaz de pagar mi cláusula. ¿Quién iba a decir que se iba a pagar tanto por un jugador?» Si bien oculta el pago de 500 millones que pensaba no iban a tener contraprestación.

Luis Figo fijó la residencia en Madrid, formó parte del equipo de los “galácticos” y acabó saliendo por la puerta de emergencia hacia el fútbol italiano. Acabada su etapa de futbolista ha fijado la residencia en Madrid. 

En su calidad de ciudadano de la capital de la comunidad autónoma de Madrid ha mostrado su descontento por el proceso de la gestión sanitaria y política del coronavirus, quejándose de las medidas de control estrictas, ganándose diversas críticas. Y es que el personaje sigue alineado con la polémica. O así piensa nuestra pluma.

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