A bote pronto

Vuelven Luis Enrique y Jose Mourinho

Los entrenadores de fútbol son esenciales para la buena marcha de los equipos. Su función está cotizada y los mejores cobran más que la media de los futbolistas. Solo por debajo de las estrellas de primer nivel.

Ya antaño los entrenadores percibían una prima doble como acicate a los buenos resultados. Su transcendencia mediática se corresponde con el reconocimiento de su labor, tanto en negativo como en positivo.

Es un puesto que queda siempre al albur de los resultados. Si son dañosos, resulta siempre el primer sacrificado, ya que es más fácil sustituir a uno que al grueso de la plantilla. Los entrenadores acostumbran a pagar los platos rotos, aunque haya constancia fehaciente de que el rendimiento de los jugadores diste de ser óptimo. Siempre será recurrente atribuirlo a la incidencia del míster.

Esta semana ha habido movimiento en dos banquillos importantes: El de la selección de España, con la destitución de Robert Moreno y el regreso de Luis Enrique y el del Tottenham con el cese de Mauricio Pochettino en favor de la vuelta a los escenarios de La Premier de Jose Mourinho.

Del banquillo de “la roja” nos hemos ocupado en las dos últimas ediciones de A Bote Pronto y tendremos de volver al tema, pues en el transcurrir de las horas se van confirmando las noticias que presentían el “mal rollo” de las relaciones de los entrenadores que eran amigos, con el condicionante de que uno era colaborador del otro. Al variar esta relación, se ha derrumbado el tratamiento.

A falta de las declaraciones del actor entrante, parece claro que el presidente Rubiales guardaba el puesto a Luis Enrique, pendiente de su recuperación anímica, que Robert Moreno tenía ilusión y fundadas esperanzas de ser él quien condujera a la selección a la fase final de la Eurocopa, de que el catalán tuvo conocimiento de su interinidad por una reunión en Zaragoza, en la equidistancia de Barcelona y Madrid, del presidente Rubiales y el director deportivo Molina con Luis Enrique, de que Moreno forzó la situación requiriendo una confirmación del puesto y de que el asturiano exigió su cabeza para volver a coger el timón.

No queda claro el porqué de esa enemistad sobrevenida, cuando la versión oficial, escuchada en los propios labios de Moreno, era que “daría un paso al lado” en el caso de producirse la voluntad de retorno de Luis Enrique.

Robert Moreno se ha manifestado, pero lo ha hecho preservando la elegancia por encima de las explicaciones. Quizá un contrato de confidencialidad le obligue a ello. Tampoco parece probable que sea Luis Enrique, de natural hermético, quien entre al trapo, por lo que queda abierto el camino de las especulaciones e interpretaciones.

En el desliz de esas conjeturas, se fomenta la tesis de que las relaciones entre ambos técnicos se habían deteriorado a raíz del ascenso de Moreno, que Luis Enrique le reprocha una ausencia emocional hacia el problema vital que atravesaba su familia. En el ámbito deportivo, se apunta de que los cambios introducidos por el nuevo seleccionador se distanciaban bastante de la línea de trabajo diseñada.

En fin, un caso desagradable que no es novedoso en un mundo de rencillas e intereses cruzados. Nos tememos que tendremos que volver a referirnos al tema.

El otro derrocado ha sido Mauricio Pochettino que llevaba unas semanas en la cuerda floja. En su globalidad ha firmado unas buenas temporadas con los “blues”, pero, como siempre, manda la actualidad resultadista que le penaliza. Antes que Zidane, pudo ser entrenador del Real Madrid, pero el argentino fue fiel con su contrato. Sigue estando en la agenda de Florentino Pérez, que debe borrar de ella a Mourinho, del que barajaba su retorno. La amenaza del entrenador francés seguirá radicando en la “City” londinense.

La carrera de Mourinho, que principió en su relevancia como ayudante de Bobby Robson en el FC Barcelona, fue creciendo desde que hiciera vencedor de la Champions League al Oporto en el año 2004. Ha estado en grandes equipos en cuatro campeonatos distintos.  Tras su aventura exitosa en el Oporto, firmó por el Chelsea, repitió triunfo europeo en su estancia en Milán para entrenar al Inter, pasó tres años en el Real Madrid avivando la polémica y sin conseguir los grandes objetivos en rivalidad con el mejor Barça de la época de Guardiola. Retornó al Chelsea donde le volvieron a cesar y ahora estaba en el mercado laboral.

Con Mourinho se reedita el duelo de banquillos con Pep Guardiola, entrenador del City, que ya tuvo constancia en la propia Premier, entrenado al United, ambos en la misma ciudad de Manchester, aunque nada comparable con la rivalidad establecida en LaLiga.

Jose Mourinho se ha asegurado un contrato millonario de larga duración, de tres años y medio. Muchos apostamos que no los cumplirá. O así piensa nuestra pluma.

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