A bote pronto

Víctor Valdés resultó una apuesta de alto riesgo

Este verano nos sorprendimos con la recuperación de Víctor Valdés para la causa blaugrana. Había abandonado hace cinco años, unilateralmente, la portería del FC Barcelona al negarse a renovar, sin aceptar ningún tipo de negociaciones acerca de un nuevo contrato.

Cuando la decisión ya la había hecho público tuvo la desgracia de lesionarse gravemente en el Camp Nou un 26 de marzo en partido de liga ante el Celta. El FC Barcelona tuvo la elegancia de mantener el ofrecimiento. Ni tan siquiera quiso despedirse de la afición sobre el terreno de juego.

Con todo un bagaje histórico de desencuentros y con la única experiencia de una corta estancia al frente del equipo juvenil del Moratalaz, el FC Barcelona lo recupera para la causa, encomendándole el puesto de entrenador del juvenil A. Fichaje que corresponde atribuirse al debe del presidente Bartomeu.

Después de la sorpresa llegó el estupor de algunos y la satisfacción de unos cuantos que valoraban la recuperación de nombres míticos de la alineación del mejor equipo de la historia del Barça.

Desgraciadamente, quienes auguramos un escenario de conflictos, pronto los acontecimientos nos dieron la razón. Temores que reflejamos en el grupo de Facebook de Barça universal del que somos administradores. En un último post señalamos:

“Los que temimos por la conflictividad de Valdés pronto nos dio razones. Hoy incrementa el relato.

  • Se queja de que juvenil A no entrena en el estadio Johan Cruyff.
  • Mete baza en el affaire Piqué y su posición resulta turbia y fría.”

No han acompañado los resultados con una derrota en liga y en las dos participaciones en la UEFA Youth League. La última sonada por 0-3 ante el Inter de Milán.

Pero mucho más grave es su conflicto con varios trabajadores del Club, su desacatamiento a la cadena de mando. En particular a su Jefe directo, Patrick Kluivert, del que no reconoce sus instrucciones.

El director de La Masia le ha conminado a que utilice el dibujo del 4-3-3, patrón de juego innegociable para todos los equipos del FC Barcelona, mientras Valdés se ha acomodado al 4-4-2 y también que evite el ostracismo a algunos jugadores de alto coste y perspectivas de crecimiento elevadas.

Nada que no esté en la lógica más elemental. La misma que no utilizó el de L’Hospitalet para negarse a jugar el partido de consolación de un torneo veraniego, bajo la excusa banal de proteger a sus futbolistas, desatendiendo el reglamento del torneo. También la imagen de Valdés quedó dañada por proferir insultos en el banquillo, acarreando su expulsión en el partido ante el Girona.

La situación parece de no retorno después de la bronca con su jefe Kluivert y el acopio de graves incidentes. Las últimas informaciones hablan de que ya no se desplazará a Tarragona, para el partido de liga ante el Nàstic y que la próxima semana se tomará una decisión definitiva.

Víctor Valdés dejará una estela de problemas de convivencia y unos pobres resultados deportivos. Un conflicto previsible que tiene otro culpable directo en la persona responsable de su vuelta. O así piensa nuestra pluma.

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