A bote pronto

El VAR al socorro de la crisis galopante del Real Madrid

El curso deportivo del Real Madrid está resultando funesto en el orden deportivo, social y ético, pero ello no es óbice, antes, al contrario, para que, desde la adversidad, el presidente del Real Madrid se crezca y utilice todos sus resortes ventajistas para adulterar la información y desviar el análisis de los hechos.

El más listo de la clase fue Zinedine Zidane que dejó el barco, al advertir laa causalidades del éxito europeo que había salvado los muebles de una temporada nefanda, con un comportamiento errático en LaLiga, la eliminación por el modesto CD Leganés en la Copa del Rey y no exento de derrotas en Europa pese al éxito final.

Le imitó Cristiano Ronaldo que quiso huir de Florentino Pérez y de un estadio Santiago Bernabéu que consideraba no le veneraba suficientemente. El presidente del equipo que se jacta ser el más español y mucho español, que diría el ex presidente Rajoy con su particular empleo de la sintaxis, desnortó a España fichando a su seleccionador en la víspera del Mundial de Rusia, lo cual tuvo una consecuencia directa con el fiasco del grupo comandado en la emergencia por un Fernando Hierro superado, con capacidades menguantes para la empresa encargada.

El director deportivo in péctore no hizo caso al infiel ex empleado de la Federación Española, Julen Lopetegui, y no le trajo los refuerzos deportivos demandados. Como parche para sustituir los goles de Cristiano Ronaldo recuperó a Mariano, por el que pagó mucho más de lo percibido.

El Real Madrid principió el curso perdiendo ante el Atlético la Supercopa de Europa y fue el principio de un comportamiento a la deriva, que ya consume seis derrotas en liga, más que el Getafe o Girona, por ejemplo, y dos en la Champions League.

En el torneo de la regularidad se está produciendo con incapacidad y desidia, la misma que le ha llevado a solo sumar dos triunfos en la última década (2012 y 2017), por siete el eterno rival blaugrana.

Este es el panorama desolador en la casa blanca, con un diferencial en liga de solo tres goles a favor (26-23), una de las peores de su historia; en quinta posición y fuera de los puestos clasificatorios para la máxima competición europea; con una penuria goleadora que hace que solo la adición de los goles de dos jugadores barcelonistas, Messi y Suárez, ya superen sus registros globales.

En ese contexto, el aficionado ha desertado en gran número y la afluencia al Bernabéu se ha rebajado notablemente, hasta menos de cincuenta mil en un día tan favorable como el Día de Reyes y de los cuales más de la mitad se marcharon antes de que el árbitro decretara el fin del partido con la derrota por 0-2 ante la Real Sociedad. Entre ellos, el futbolista Gareth Bale, convaleciente de su vigésimo segunda lesión con la camiseta blanca, y en otra prueba de su escasa implicación.

En ese marco de negras tinieblas, solo Luka Modric practicó la crítica interna, sincerándose ante la prensa y reclamando un análisis abierto para advertir la causa de la profunda crisis. Ello le ocasionó la reprobación pública del capitán Sergio Ramos.

Nada más acabar el partido la maquinaria blanca, la llamada Central Lechera, se puso a trabajar para desviar la atención del descalabro deportivo buscando afrentas disuasorias, empezando por las declaraciones de Butragueño. Se quedan en la anécdota de un posible penalti no señalado por el colegiado, que no tuvo auxilio del VAR en la jugada.

Del teórico error arbitral, algunos espacios de alcance estatal y de tinte blanco muy marcado, que viven de la polémica y del aullido han cargado tintas con indisimulado interés de extorsionar la realidad de una derrota. Hasta con encuestas tramposas: “¿Te parece una vergüenza el VAR?”

Al tiempo, el presidente, también presente en su ámbito de empresario, en el pufo del “caso Castor”, que pagamos todos los españoles en el recibo del gas, se ha apresurado a presentar un nuevo fichaje, una promesa de 19 años por diecisiete millones, más otros siete de variables, al que hace decir por tres veces que su único objetivo era el Real Madrid para contrarrestar la “maldita hemeroteca” donde consta fehacientemente su antigua filiación sentimental con el FC Barcelona.

Ha omitido el joven Brahim, en el acto de presentación, donde presumía de un madridismo exacerbado, poco menos que prenatal, que con solo diez años estuvo fichado por el FC Barcelona, con un contrato ya firmado por sus progenitores. Sin embargo, una macro oferta del jeque malaguista hizo solicitar la anulación del contrato a sus padres, llevada a cabo por la magnanimidad de la directiva del Barça que anuló el acuerdo, en su perjuicio y sin contraprestación. Poco después, el niño y los padres quisieron recuperar la senda barcelonista y ya no les fue posible.

En el Real Madrid no hay autocrítica. Basta con desviar la atención. Escrito queda. O así piensa nuestra pluma.

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