A bote pronto

Valverde ha dado un paso al frente

Esta noche ante el Sevilla podremos consagrar a un nuevo Valverde más osado en la toma de decisiones. El técnico blaugrana se ha despojado de una serie de ataduras y ya mira, con interés práctico, las promociones que llegan desde las categorías inferiores.

Parece reencontrarnos con ese txingurri que, procedente del Athletic Club, llegó al FC Barcelona con el bagaje de haber trabajado a fondo la cantera de Lezama, consecuencia de la política de la entidad histórica vasca. Precisamente, esa procedencia dio credibilidad al proyecto canterano.

Sin embargo, Valverde asumió hipotecas derivadas de la exigencia resultadista que marca el devenir blaugrana, donde una derrota es una excepción y dos, un fracaso. Los acontecimientos le obligaron a moverse bajo criterios del corto plazo y sus decisiones se vieron condicionadas a los objetivos puntuales partido a partido.

En este marco, el técnico persiguió el rédito, eligiendo siempre los dividendos de la inmediatez que le otorgaban los futbolistas más consagrados. Este hándicap de no saber encontrar relevos a los míticos Puyol, Xavi, Iniesta y a los doctorados siguientes como Piqué, Busquets o Alba le han pasado factura ante los ojos más románticos del aficionado más local que siente la cantera como una reivindicación esencialista.

Dos ligas y una Copa del Rey en los dos años al frente del banquillo blaugrana es un bagaje sensacional y muy por encima de la media de títulos obtenidos por la Entidad. Sería un gran éxito… si no fuera el FC Barcelona, que hasta se permite la pecaminosa soberbia de no celebrar el último título del campeonato nacional, en una nefasta gestión de las emociones, por primar la desilusión de una derrota en una competición sobre el éxito reiterado en el torneo de la regularidad, que se tilda como “la mejor liga del mundo”.

Tampoco el técnico ha sido excesivamente bien tratado por la prensa. Su exquisita corrección, al igual que la de Tata Martino, no cotizan al alza, pues algunos periodistas ven en ello signos de debilidad.

Las dos derrotas europeas socavaron la ilusión de una afición convocada para disputar la final europea de la Champions League, cuyo último éxito data del año 2015 en Berlín. No demasiado lejos… si no fuera porque en el intervalo han mediado tres éxitos del Real Madrid, que engordan las estadísticas, sin considerar algunas irregularidades que lo hicieron posible.

Sabe Valverde que no habrá una tercera oportunidad y, de perdidos al río, se ha lanzado a la aventura. Se ha sacado de la chistera dos nombres propios canteranos: Ansu Fati y Carles Pérez. El bisauguineano descaradamente joven con solo dieciséis años. Nadie contaba con ellos para que en este curso tuvieran convivencia con el primer equipo. Su eclosión se debe al ojo clínico y a la decisión del primer entrenador.

Se ha sacudido de la etiqueta de consignar nombres fijos. Así, Busquets y Rakitic han perdido esa condición de titulares inamovibles. A otros nombres se les puede atribuir el mismo rasero. Piqué, Alba y Suárez pueden temer, con causa, por una misma suerte y aplicarse el adagio de “cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar”. Incluso a Leo Messi se le han regateado minutos de juego, sometiéndose al criterio de las rotaciones y de la gestión médica de sus lesiones.

Uno de los fallos que los detractores han achacado al técnico extremeño, ha sido su escasa percepción para variar el desarrollo de los partidos sobre la marcha. Esta barrera también la ha rota este curso y se puso más de relieve en la última confrontación europea.

Frente al Inter, el Barça tuvo que remar a la contra y revertir un resultado adverso desde los inicios. Para ello, fue clave que Valverde interviniera en el juego con dos cambios que alteraron el dibujo táctico. Arturo Vidal sustituyó a Sergio Busquets, rediseñado el sistema donde el chileno era la punta atacante del rombo, por detrás de Luis Suárez, en tanto que Arthur retrasaba su posición con un De Jong más vigilante en la contención.

Esta primera alteración la completó con la presencia de Dembélé que sentó a Griezmann al banquillo. El extremo ambidextro, alteró por la izquierda el ecosistema defensivo italiano. Uno y otro subieron las revoluciones del juego y Antonio Conte no supo contrarrestar ese movimiento ganador.

Hoy se juega ante el Sevilla FC. Aunque los andaluces jugaron en jueves, un día más tarde, el cansancio es menor porque la poca entidad del rival, el Apoel de Nicosia, propició que Julen Lopetegui rotara ampliamente la alineación para procurar el descanso de los hombres principales que saltarán al césped del Camp Nou.

Valverde, otrora, hubiera hecho algún apaño defensivo para suplir la obligada ausencia por sanción de Lenglet. Sin embargo, el remozado técnico que ha descargado mochilas no lo hará y dará la oportunidad al joven Todibo.

Arriba jugarán de entrada Messi, Suárez y Griezmann, pero saben que hay un plan B con Dembélé, Carles Pérez y Ansu Fati.

Barça y Sevilla cerrarán la octava jornada de liga y se producirá la segunda interrupción por las “fechas FIFA”, que precede a una tercera programada para el próximo mes de noviembre.

Los blaugranas este curso cuenta por victorias sus partidos domésticos. Les conviene mantener la racha para vivir tranquilos durante este paréntesis, con todas las puertas abiertas. Tres puntos en juego muy importantes para que el FC Barcelona siga teniendo a tiro al Real Madrid, a dos jornadas del “clásico” del Camp Nou.

O así piensa nuestra pluma.

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