A bote pronto

Temporal en el Camp Nou

Las aguas bajan turbias por la riera blaugrana y el desconcierto es tan absoluto que peligra se torne en desatinos gerenciales que marquen el futuro.

Por segunda vez consecutiva, el FC Barcelona ha hincado la rodilla con estropicio y lo que podía resultar una campaña excepcional con la reedición de los “tripletes” conseguidos en los cursos 2008-09 y 2014-15 con exclusividad estadística, se ha troncado en noventa minutos donde apareció el agujero negro insoslayable.

La versión del FC Barcelona en Alfield Road convengamos que no fue de recibo y causa más estupor cuando se advierte que no se aprendió de la dolorosa lección y experiencia de Roma.

El descalabro con la Roma en cuartos de final de la anterior temporada ha tenido muchas similitudes con la actual debacle ante el Liverpool en semifinales. Comenzando por el cancerbero rival, el brasileño Alisson que fue el mismo afortunado protagonista de dejar la portería a cero en ambos partidos de vuelta en campo propio.

Las exigencias de la alta competición privan de matices. O blanco o negro, o triunfo o fracaso. El FC Barcelona, sus futbolistas, su cuerpo técnico y sus millones de aficionados diseminados por todo el universo se las prometían muy felices sumando éxitos con irreflexiva temeridad. Aquello tan descriptivo de matar al oso antes de cazarlo. Ya todo el contingente blaugrana nos veíamos en Madrid para disputar la novena final y osarla celebrar en la misma fuente de Cibeles, feudo de tradición festiva madridista, ornamentada perimetralmente, de ordinario, con banderas españolas.

Los actores fracasaron con estridencia en Liverpool, de forma sorpresiva pese a los antecedentes de mal augurio y los aficionados están gestionando el duelo con interna rebeldía por sentirse deprimidos y escamados.

En esta hora, donde prima el corazón herido y las emociones a flor de piel sobre el discernimiento cerebral, es momento para la gestión pausada. “El seny” debe imponerse a la “rauxa”, o lo que es lo mismo, castellanizado y adaptado, el sentido común a la arbitrariedad.

El varapalo ha sido tremendo porque viene precedido por la contumacia de unas actitudes y aptitudes puestas en cuarentena. En el seno del Club, los protagonistas deben hacer una lectura equilibrada de lo acontecido en Alfield con la pertinente autocrítica. Si el acierto es colectivo, el fracaso también se procesa mancomunadamente.

Ha fallado el entrenador con una elección nominal discutida, con un intervencionismo tardío en la toma de decisiones sobre la marcha. Ha errado la directiva con unas contrataciones invernales que solo han sumado numéricamente y no han elevado el nivel de competencia del grupo.

Pero los que han dejado en la estacada, a unos y a otros, han sido los futbolistas que se ejercitaron sobre el césped inglés con unas prestaciones a precario, muy por debajo de su competencia contrastada. Virtudes reconocibles que les han llevado a casi pasearse por LaLiga, estar en la final de la Copa del Rey y llegar imbatidos a Europa hasta el segundo partido de las semifinales, siendo el equipo más goleador y el menos goleado. Y esto, no se olvide, son datos escrutables.

Bajo ese aturdimiento colectivo, muchos se apuntan al “foc nou” (fuego nuevo, en traducción literal, en frase metafórica catalana que equivaldría a una renovación profunda).  Y aquí es donde andan en juego las capacidades de gestión de los ejecutivos.

Ni antes éramos tan buenos, ni ahora tan malos. Todo ocurrió una mala noche que se llevó al traste el objetivo principal de nueve meses de actividad fecunda. Si bien es cierto, que se incluyen todos los agravantes derivados de la reincidencia procaz y que nutren los gestos motivacionales de una afición denostada que se torna insurrecta.

La decepción colectiva del barcelonismo exige la revisión y el juicio sereno, que permita soslayar la depresión por una ilusión europea extraviada.

Muy probablemente se ganará también la Copa del Rey, con permiso y respeto debido al Valencia. En tal caso, el balance del entrenador acumularía la conquista iterada de LaLiga y la Copa en sus dos años en el banquillo blaugrana.

Que este logro no sea suficiente para valorar en positivo a Ernesto Valverde pone de manifiesto las ambiciones colosales de la primera entidad deportiva mundial, a la que, por su dimensión, no le basta con ser el mejor y más laureado club del fútbol español. O así piensa nuestra pluma.

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