A bote pronto

Sobre Reyes, Busquets y el Liverpool

Se ha hecho extraño, pero consumimos el primer domingo sin fútbol de élite al acariciar el verano. Mutamos el verde tapete por la playa mediterránea, acompañados de un día precursor del verano que está a tocar. Sin embargo, aún no habíamos metabolizado del todo la final de la Champions League que habían protagonizado los ingleses en la plaza de Madrid para gloria del Liverpool.

Una final que, como tantas otras pasadas y venideras, no pasará a los anales por la calidad del fútbol esgrimido. Para el equipo de Pochettino cruzar el umbral de los cuartos de final ya fue un éxito y más corroborado al quedarse a las puertas del éxito absoluto.

El Liverpool se jugaba más en la cita. Portaba la aureola de favorito. Fue bicampeón consecutivo en la década de los setenta y ochenta y su última victoria data del curso 2004-05. Pudo reeditar el éxito la temporada pasada, pero la temprana lesión en la final de su estrella Mohamed Salah cuya autoría correspondió a Sergio Ramos y la desdichada actuación de su guardameta Loris Karios lo llevaron al traste.

Este año ha sido la consagración de su entrenador Jürgen Klopp y del equipo que ha sabido invertir sabiamente el recaudo de capital obtenido por la transacción de Philippe Coutinho al FC Barcelona, acaecida en el mercado de invierno del curso 2017-18.

Ese dinero se invirtió, básicamente, en dos fichajes estelares: Alisson Becker de la Roma y Virgil Van Dijk del Southampton. Un cancerbero y un central que dieron solidez a la cobertura y que fueron las dos piezas más destacadas de la final, donde el central se llevó el reconocimiento al ser nominado MVP del partido. Felicidades al Liverpool por su sexto campeonato que le encarama al tercer lugar del ranking, por delante del FC Barcelona y Bayern que quedan con cinco.

En otro orden de cosas, asistimos al duelo por la muerte de José Antonio Reyes, con un mismo fatal desenlace para un primo y otro en estado de extrema gravedad. La capilla ardiente se instaló en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán y congregó muchos miles de aficionados que quisieron darle el último adiós. Hoy será incinerado en su localidad natal de Utrera, de luto oficial.

Reyes, de 35 años, jugaba actualmente en el Extremadura de Almendralejo, de Segunda División A, y había pertenecido a numerosos equipos: Sevilla, Arsenal, Real Madrid, Benfica, Atlético de Madrid y Espanyol (en la temporada 2016-17), entre otros.

El utrerano, un hombre de dribling espectacular no ha podido regatear la crueldad de la carretera. La velocidad del vehículo, conducido por Reyes, en el momento del accidente era de 237 kilómetros a la hora, lo que ha llevado a la censura pública de Santi Cañizares. El twitter lo carga el diablo y le ha obligado a matizar al ex futbolista del Valencia y del Real Madrid.

Y, en el entretanto, se suceden las actividades en los despachos blaugranas con el doble objetivo de entradas y salidas. Las primeras para mejorar el tono de la plantilla y, las segundas, para cuadrar el balance económico.

Quienes observan más un mal resultado puntual en Europa que toda una trayectoria triunfal en una liga ganada con insultante holgura, promueven la revolución en el vestuario. Ni la situación económica lo posibilita, ni la gestión deportiva lo aconseja. Se trata de apuntalar algunas posiciones que andan a precario.

Como agua de mayo falta el lateral izquierdo que permita dosificar la contribución de Jordi Alba y falta un delantero goleador que sea alternativa en punta. Ya ha sido fichado De Jong, que representa la vitamina que el medio del campo barcelonista requiere.

Otros fichajes dependerán de la suerte final de Cillessen y Umtiti. La incorporación de De Ligt, en cualquier escenario, sin duda, potenciaría al equipo y le otorgaría recorrido temporal.

Uno de los jugadores más damnificados por las críticas está siendo Sergio Busquets. El jugador, al igual que Rakitic o Alba, se han visto superados en el tramo final de la temporada al no dar el tono físico requerido.

Busi” es la víctima principal de un equipo que paulatinamente va cambiando el modus operandi sobre el terreno de juego. Ya no juega con las líneas tan juntas, ni presiona arriba con la misma convicción. Es un equipo más roto, donde el centrocampista de Badia tiene que cubrir más espacio ahora en la treintena que cuando su irrupción y eclosión una década antes con Pep Guardiola (curso 2008-09).

Tenemos la sensación de que la opinión pública y publicada está siendo injusta con las críticas a Busquets, al que aún auguramos unos años de fútbol en un Barca mejor definido, más competitivo y con los roles definidos. O así piensa nuestra pluma.

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