A bote pronto

El Real Madrid digiere mal las derrotas

Ha transcurrido cinco días desde que el Barça se proclamara campeón de la Copa del Rey de baloncesto por vigésimo quinta vez. Lo consiguió de forma brillante en un partido trepidante que captó el seguimiento de los aficionados y cuyo desenlace ha producido un alud de comentarios en donde se pone en cuestión la licitud del resultado en función de la intervención arbitral.

La victoria sobre la bocina es común en los duelos igualados de baloncesto y debido a ello se incrementan las posibilidades de polémica en el desenlace de alguna jugada postrimera que inciden directamente en el resultado final.

Menos frecuente resulta que la discusión se derive de dos jugadas para perjuicio alternativo de los equipos y que deja a ambos damnificados, según su sentimiento, dando lugar a protestas y requerimientos en un análisis parcial, interesado y corto de miras. Sucede cuando irrumpe, como único argumento, el fanatismo y los intereses creados.

Las dos jugadas ampliamente debatidas, pero con singular acento nosotros así la explicamos en nuestro A Bote Pronto del pasado lunes: “Con 90-92 Randolph cometió bajo canasta una clarísima acción antideportiva sobre Singleton al pretender taponarle. Incomprensiblemente, el árbitro se inhibió y en el contraataque Carroll anotó un dos más uno que vuelca el marcador (93-92).

El Barça exprimió sus últimas opciones y a un segundo Tomic lanzó bajo aro siendo taponado por Randolph. Los árbitros, muy posiblemente condicionados por tener conocimiento de su mayúsculo error anterior, revisaron el “instant replay” y consideraron que el balón había tocado el tablero que ilegalizaba la acción defensiva y el luminoso volvía a revertirse definitivamente al 93-94”.

En esta descripción, ciertamente, hay unanimidad en los medios, como no puede ser de otra manera, dada el diáfano desarrollo de las jugadas. El disentimiento viene dado por el distinto énfasis en que se ponen de relieve las jugadas, produciéndose un impacto discrepante de los errores mayúsculos de los árbitros que distorsionan los argumentos con manifiesto interés partidista.

Es evidente, por la secuencia de los hechos que, si el primer error no se hubiese producido, la incidencia de un segundo yerro, caso de suceder, no hubiera alterado el signo final del encuentro. Sin embargo, el equipo perdedor y su propaganda mediática ponen el acento en la segunda jugada mal pitada y en contra de sus intereses, obviando la primera errata y dando pábulo a las razones de una derrota de un equipo que no supo defender en el último cuarto una diferencia a favor de dieciséis puntos, como reconociera el propio Sergio Llull.

El dislate de Florentino Pérez y su entorno ha llegado al límite, hasta anunciar su marcha de la competición, si la ACB no reconoce públicamente solo el segundo error y expulsa a los tres colegiados que dirigieron la final que perdieron frente al mismo rival de la anterior edición, la cual vuelven a sacar a colación para mostrar otras reticencias que aún perduran en su maquiavélica agenda de reproches.

Se trata de una boutade que no pasará de ahí, aunque está por ver si no condiciona los arbitrajes en liga. La amenaza sui generis del Real Madrid de abandonar la liga ACB choca frontalmente con la normativa de la Euroliga que obliga a sus afiliados a estar inscritos en la competición regular doméstica. Se trata, pues, de una filtración de oscurantismo latente o llevada a cabo desde el desconocimiento, lo cual sería más grave en una institución tan profesionalizada.

Una entidad que no respetó el protocolo de los organizadores y que llevó al responsable máximo de la sección, Juan Carlos Sánchez, a inmiscuirse en la sala de prensa para dar una rueda de prensa en caliente en el espacio y tiempo reservado para el entrenador y los jugadores. Desde esa tribuna, indebidamente apropiada, hizo pública su indignación en su relato parcialmente seleccionado.

Es habitual en el Real Madrid, que gana más que pierde, los malos modos al encajar una derrota. Su veterano capitán Felipe Reyes, bregado en mil batallas en las pistas europeas, se retiró a los vestuarios mascullando exclamativamente: “vaya robo”, que fue secundado por algún otro. Entre ellos, Rudy Fernández, que se refirió en términos académicos: “una puta vergüenza”, entre otros lamentos estentóreos.

Es lamentable la abstracción parcial que hacen muchos medios adláteres al poder blanco de la primera jugada que tiene los mismos visos de trascendencia. Si con 90-92 se arbitra correctamente la desesperada falta bajo aros de Randolph sobre Singleton, hubiera dado dos tiros al Barça y posesión en banda, al resultar una falta antideportiva clamorosa. Los segundos finales hubieran tenido una secuencia distinta.

En definitiva, el Barça hubiera sido campeón igualmente, con pifias arbitrales y sin ellas. Y muchos medios y tertulianos del tres al cuarto, marean la perdiz para disimular las evidencias.

No es de recibo ese Real Madrid alineado con el ruido que busca en la polémica su frustración. Un “equipo NBA” que va segundo en la liga ACB, por detrás del campeón de Copa, el líder FC Barcelona. O así piensa nuestra pluma.

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