A bote pronto

Primer examen de curso a Valverde

Al FC Barcelona le acompañaba el éxito en el transcurrir de curso pasado, que contó con el refuerzo, por aquello de los vasos comunicantes, del descalabro del Real Madrid que le llevó a cambiar de entrenador a las primeras de cambio y tras encajar cinco goles precisamente en el Camp Nou.

En la liga solo le hacía ligera sombra el Atlético, a prudente distancia, y en la Champions League acabó líder de la liguilla y pasó las eliminatorias hasta topar con el Liverpool, adversario que acabaría campeón. Antes, el rival blanco había sucumbido con estropicio en el mismo estadio Santiago Bernabéu, baile incluido, de los chicos del Ajax de Amsterdam.

Otra vez, como frente a la Roma en el primer año de Ernesto Valverde, no se supo rentabilizar una ventaja de tres goles caseros y se produjo el caos absoluto en Anfield. Fue una derrota clamorosa, con los antecedentes de advertimientos fútiles, que la afición aún no ha digerido.

Por si fuera menor el desengaño, también se perdió el duelo finalista de la Copa del Rey con el  Valencia, por lo que no hubo paños calientes. Y la liga ganada por abrumadora diferencia quedó injustamente olvidada, hasta el punto de no ser celebrada con la afición, representando un hecho sin parangón en la historia de LaLiga.

Ello expone el altísimo nivel de exigencia en que se mueve el Club. Bajo estos reclamos y la amenaza permanente del pretérito inmediato como foto fija, actuará Valverde. Solo valdrá ganar y ganar, como alentaba a sus pupilos el Sabio de Hortaleza, el añorado Luis Aragonés.

La ratificación de Valverde ha sido el resultado de una decisión personal del presidente Bartomeu, que ha desoído las voces de su equipo directivo y se ha alineado con la petición de los futbolistas, con el capitán Messi a la cabeza. Si los resultados no acompañan sería improbable que el “txingurri” acabase la temporada, pues su crédito pende de un hilo muy fino.

Los puritanos le discuten a Valverde el dibujo y el compás, el sistema y el método, la táctica y la estrategia. Se le va a reclamar que priorice la utilización de los hombres más consagrados en el oficio asociado al arte, en detrimento de los menos diestros en el uso de la herramienta esférica.

Se le va exigir el cómo y el qué. Lo que es lo mismo, sumar de tres en tres con un fútbol de quilates. El extremeño, hecho profesional en el País Vasco, deberá aquilatar los movimientos para asegurarse la continuidad.

En el marco de esa interinidad permanente que representa el banquillo blaugrana, es difícil barajar cartas de futuro, lo cual es otra reivindicación de la grada que añora la etapa de Pep Guardiola. La recurrencia a la Masia es también una necesidad económica. Los Riqui Puig, Collado, Abel Pérez, Iñaki Peña, Araujo, … requieren oportunidades. Las últimas consolidaciones de Piqué, Busquets, Alba y Sergi Roberto quedan lejanas en el tiempo.

En estos dos cursos, Valverde ha desatendido la producción futbolística propia llevado por la inercia de la inmediatez resultadista.

A un extraordinario equipo liderado por el mejor, se le ha sumado dos piezas titulares contrastadas como De Jong y Griezmann. Vuelve a ser favorito para ganar la Liga y para jugar un fútbol de calidad y precisión quirúrgica.

Exigir al técnico ganar la Champions League es una quimera, atendiendo a los condicionales y variables que alberga esta competición corta, pero el listón está ahí, temeraria e injustamente colocado desde la ansiedad metafísica. O así piensa nuestra pluma.

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