A bote pronto

Pep Segura debería ser sustituido

En estos días de calma tensa, sigue el FC Barcelona estando de palpitante actualidad. Poco importa que España haya jugado, y ganado como no podía ser de otra manera, a las Islas Feroe, contando con Sergi Roberto de titular de inicio.

Las portadas de los diarios deportivos y las primeras referencias en los audiovisuales se refieren al vaivén de noticias acerca de nuevas contrataciones y bajas. A día de hoy, la información escasea y se cubren los espacios en base a rumores con mayor o menor grado de fundamento.

Hay algunos casos que el periodista se trabaja la información y el resultado es una especulación creíble por verosímil y que atiende a las necesidades de compra de unos y venta de otros. Sin embargo, las más de las veces se corresponden con globos sondas cuya inmaterialidad cae por su propio peso y, en ocasiones, publicitados desde los propios agentes con intereses en juego.

El máximo responsable de las entradas y salidas de la plantilla es el manager de todo el fútbol, Pep Segura, que dirige un amplio equipo en el que destacan el secretario técnico Éric Abidal y su adjunto Ramon Planes, ambos solo en el ámbito del fútbol profesional.

Estos tres hacen la labor que anteriormente desempeñaba Robert Fernández con algunos colaboradores como Urbano Ortega, por ejemplo, pero sin la pomposidad de los cargos.

La baja de Robert Fernández fue una decisión de Pep Segura, impuesto en el organigrama por el presidente Bartomeu, sin que nunca se supieran las razones de tan extraña designación.

En el mejor de los casos, el entrenador del primer equipo, Ernesto Valverde, ha quedado como mero consultor en los nombres que se barajan en ambos sentidos.

Con el transcurrir de los días, hay una mejor perspectiva para que el aficionado analice los hechos y aparque la indignación y aplique el sano juicio. El resultado de todo ello es que Pep Segura sale muy mal parado.

El ejemplo más palmario del gravísimo error fue no dar a Ernesto Valverde el jugador que reclamaba por la salida de Lucas Digne. El manager impuso el nombre de Juan Miranda y su bisoñez extrema se advirtió a las primeras de cambio. El titular Jordi Alba ha tenido que jugar prácticamente todo y en los pequeños descansos, el “txingurri” ha tenido que improvisar algún remedo.

Precisamente el catalán ha hecho una temporada excelente, como él mismo se califica, pero ha llegado extenuado al tramo final y en los dos partidos decisivos ha quedado muy retratado en algunos de los goles.

El esperpento mayor fue la contratación en el mercado de invierno de Prince Boateng, jugador veterano que llegó faltó de condición física. El jugador ghanés cubría la solitud de Luis Suárez, ya que dispuso que Paco Alcácer en verano y Munir El Haddadi en invierno fueran transferidos.

Ha jugado menos que poco y no se ha estrenado como goleador. Llegó como cedido por el U. S. Sassuolo Calcio y se retorna a origen. Mismo caso que el defensa Jeison Murillo que arribó, procedente del Valencia donde solo había jugado tres ratos, por petición de Valverde y el entrenador admitió implícitamente el error al no contar con su concurso, solo en la emergencia mayor.

Seguimos pensando que con los mayores conocimientos del fútbol profesional que se desprende del currículo de Robert Fernández, el resultado global del curso hubiera podido ser más favorable.

Pep Segura afirmó a principios del curso que la plantilla era superior a la del curso anterior. Los resultados han demostrado de que no. Ha envejecido un año y ha habido graves errores de gestión que han debilitado a la plantilla a la que no se aportó otro titular que no fuera Clément Lenglet, debido a la grave lesión del que parecía inamovible Samuel Umtiti.

Los detractores de Segura, que empiezan a ser multitud, también le acusan, con datos en la mano, de que está desnaturalizando el modelo de La Masia. Quizá a Bartomeu le sirva el amigo como paraguas, pero ya no cuela. Mejor la destitución. O así piensa nuestra pluma.

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