A bote pronto

A Pep Guardiola le pasan factura

A Pep Guardiola le tienen ganas desde muchos sectores, no solo deportivos, los cuales celebran sus derrotas como victorias propias. Sin ninguna alegría que llevarse al cuerpo, la prensa madrileña que es casi tanto como referirse a la madridista, ha celebrado la eliminación del City, no tanto porque sea inglés, pues el vencedor Tottenham tiene la misma nacionalidad.

En este caso no ha lugar a remembranzas, tipo “la pérfida Albión”, sino a la catalanidad y barcelonismo del míster, el cual lo expresa y propaga sin ambages. Es el posicionamiento político en favor de Catalunya lo que lastra la consideración profesional hacia Guardiola.

Jugó bien el City en el nuevo Tottenham Hotspur Stadium, aunque no consiguió marcar y encajó un gol que le supuso una derrota inesperada. En el partido de vuelta, el City fue cruelmente penalizado por dos errores propios del central vasco francés Laporte que costaron dos goles que pudo remontar.

Por si fuera poca desdicha, tuvo el VAR en contra en dos oportunidades decisivas. En la primera, se dio validez al tanto que suponía el pase de los londinenses, marcado con el brazo por el riojano Llorente y, al cierre, en un gol anulado a Sterling que otorgaba la eliminatoria a los citizens. Ajeno a la postrimera decisión correctora de anulación, el de Santpedor corría eufórico, paralelo a la línea de banda del terreno de juego del Etihad Stadium, rememorando su misma acción en el mítico gol de Iniesta en Stamford Bridge. Fueron crueles las imágenes que volvían al técnico a la ingrata realidad.

Es tiempo para recordar que la Champions League se le resiste desde que dejó el banquillo blaugrana, donde consiguiera, con brillantez de juego, sendas “orejonas” los años 2009 y 2011, en las finales de París y Londres.

Con ese máximo objetivo pasó tres temporadas en el Bayern de Münich y, con ésta, lleva otras tantas en el Manchester City. Pero los éxitos se circunscriben en el ámbito doméstico.

En este viernes Santo es justo ponderar la trayectoria de Guardiola desde que reingresó en la Champions League, Con los bávaros alcanzó las semifinales en las tres oportunidades donde fue abatido por los que resultaron campeones: Real Madrid 2014 y FC Barcelona 2915 y por el finalista Atlético 2016, Con el City, cayó en octavos con el mejor Mónaco 2017, en semifinales con el finalista Liverpool-2018 y, ahora, con el Tottenham 2019.

Sin embargo, gano la Bundesliga el trienio contratado por el Bayern. En el 2017 se le escapó el título en La Premier en beneficio del Chelsea, aunque lo ganó el curso pasado y está en disposición de revalidarlo esta temporada, con permiso del Liverpool que puja por lo mismo con un punto por encima, pero con un partido de más disputado.

Algunos rebobinan la cinta y atribuyen los éxitos culés a los Messi, Puyol, Xavi, Iniesta y compañía. Es advertible más un ninguneo al trabajo del técnico que un reconocimiento a los futbolistas de La Masia. Resurge la mejor esencia resultadista para recordar a Guardiola que lo importante es ganar y que la estadística no reconoce la belleza del juego. Sin embargo, además de esta constatación, se denota un regocijo, dimanante de una ofuscación personal, hacia quien piensa diferente.

Pero, esta circunstancia también es observable en medios catalanes, donde hay división de opiniones, en función de posicionamientos políticos dispares que inciden, indebidamente, en la crítica deportiva. Esas diferencias de tratamiento y criterio se reflejan en los dos diarios deportivos catalanes, Mundo Deportivo y Sport.

No ganar la Champions League no es un fracaso. Menos en la sociedad inglesa que, con buen criterio, prioriza en méritos La Premier. En ese contexto, en la previa del partido de vuelta, Guardiola aseguró que no le ficharon para ganar la Champions. Se encuentra seguro con el propietario Mansour bin Zayed Al Nahyan y más arropado con el director general Ferran Soriano y el director deportivo Txiki Berigistain, de su misma escudería.

Las expectativas de Guardiola están marcadas por el éxito en el FC Barcelona, donde acumuló títulos, entre ellos, un “sextete” en el mismo curso, sin precedentes. Y con un fútbol espectacular que agitó y revolucionó algunos preceptos, siguiendo la estela del padre, Johan Cruyff. La excelencia de Guardiola se produjo en sus cuatro años al mando de la nave barcelonista (2008-2012). Reiterar la gloria puede resultar una quimera.

Puede que en España tampoco sea, en un futuro, una prioridad el campeonato europeo. Basta que se encalle el número trece en el casillero blanco y toque patrocinar otros logros, según el guion. O así piensa nuestra pluma.

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