A bote pronto

Neymar es más que una ilusión para el Barça

Toda la América balompédica aguarda con frenesí ese Argentina- Brasil que se disputará en fecha 3 de julio, en el que Leo Messi estará sobre el césped y Neymar lo verá desde su posición privilegiada en la grada. En el entretanto, la Copa de África prosigue su deambular a la espera de la fase más caliente. En uno y otro campeonato, hay excesivos marcadores sin estrenar, lo que da cuenta del triunfo de la táctica y la estrategia sobre el primor de la creación intuitiva.

Mientras la competición promociona practicantes en otros continentes, los equipos europeos se hallan enzarzados en las operaciones de altas y bajas en las plantillas. En la práctica, el largo verano no lo es tanto y, desde hace algunos años, agosto se ha convertido en un mes operativo en los terrenos de juego. De forma que trastoca las vacaciones de muchos aficionados que las adaptan al calendario del fútbol, en ocasiones con disidencias familiares.

La Premier League, que arranca el undécimo día agosteño, una semana antes que laLiga, es pionera y se corresponde con el campeonato más seguido en el mundo. Es la cuna del fútbol, donde se manejan las cifras más altas y donde el nivel competitivo está más arraigado.

Hay hasta seis clubes aspirantes a los entorchados del triunfo que son el City y el United de Manchester, el Liverpool y tres de Londres, el Tottenham Hotspur, el Chelsea y el Arsenal. A estos clubes les acompañan otros que componen una cualificada clase media.

LaLiga compite en esa supremacía, pero lo hace con menos capital y menos oficio dirigente. La atribución al campeonato español como el mejor del mundo, parece más un eslogan publicitario, o propagandístico, pues también atesora doctrina política. La confusión viene dada por el impacto de sus dos clubes más representativos, como son el FC Barcelona y el Real Madrid, a los que pretende incorporarse el Atlético.

Como venimos reiterando, los despachos echan humo, ya en sentido más metafórico, en época en que el consumo de tabaco va en declive en una población más proclive a practicar el mens sana in corpore sano. En el núcleo de estas operaciones aparece el FC Barcelona.

La fecha vencida del 30 de junio ha otorgado la iniciativa al Barça para llevar a cabo la incorporación de Antoine Griezmann y las negociaciones con el Atlético marcarán la forma de llevarlo a cabo, ya sea pagando la cláusula de rescisión de los 120 millones de euros o en un traspaso convenido con el aditamento de intereses por las cantidades aplazadas.

Es un fichaje de primer nivel futbolístico, pero que queda un tanto eclipsado por el peso del nombre de Neymar, cuya recuperación blaugrana principió en un rumor para tener alta consistencia y ya se admite la realidad de las negociaciones.

Aún sin descartarse la incorporación de De Ligt, que padece una lucha interna entre su corazón y su economía. El sentimiento le trae a Barcelona, pero las razones del dinero le trasportan a Turín donde le aguarda la Juventus de Cristiano Ronaldo.

Esas tesituras para que tengan recorrido requieren de la operación salida, con nombres muy importantes en la palestra como Coutinho y Dembelé y otros posibles agregados que salgan de los nombres de Malcom, Rakitic, Semedo o Umtiti.

Hay que regular los emolumentos de una plantilla que está sobre el 61% de los ingresos del balance y tiene en el 70% el tope salarial fijado por el fair play financiero.

Las ventas ultimadas antes del 30 de junio han permitido, en espera de la confirmación por la auditoría interna, cerrar un octavo ejercicio con superávit en el balance.

Ernesto Valverde puede tener la difícil misión de encajar a Messi, Suárez, Griezmann y Neymar en la misma alineación y parece ha dado el visto bueno. Claro que, con las rotaciones programadas, sanciones y lesiones, es más que posible que se dejara, las más de las veces, una vacante para otro centrocampista. O así piensa nuestra pluma.

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