A bote pronto

Messi y Piqué secundan a Valverde

Por fas o nefas, el partido de la final de Copa del Rey, a celebrar este sábado en Sevilla, entre el campeón FC Barcelona y el Valencia CF, no está observando el acostumbrado eco informativo que el acontecimiento requiere.

Las más principales razones, en un país con esa centralización tan exacerbada, habría que explicarlas en que el partido no se juega en la capital del Estado y que tampoco participa ningún equipo domiciliado en ella.

Pero alguna que otra más que tiene que ver, en el plano televisivo, con los derechos de retransmisión que, en principio, pertenecen a la televisión pública española. Por si se confirma esa prioridad, TVE sí está cubriendo los prolegómenos del match, en tanto que las privadas permanecen al acecho por si cazan la presa y procede una autopromoción de última hora.

Tampoco puede calificarse de cuantioso el tratamiento informativo desde los medios catalanes, que aún relatan las secuencias de la derrota europea y tienden sus redes en los futuros fichajes y descartes. Es en Valencia, donde más se fomenta la celebración de la final copera y se manifiesta la ilusión por un triunfo anhelado desde hace once años.

Lo que no hay duda alguna es que una eventual derrota blaugrana incrementaría al infinito el tratamiento informativo desde los potentes altavoces de los medios locales de Madrid.

Josep Maria Bartomeu ha estado especialmente activo estos días para ratificar al técnico Ernesto Valverde. El Club ha editado un documental de promoción de esta final que implica a todos los sectores del barcelonismo.

Hoy el capitán Leo Messi, máximo exponente deportivo, y Gerard Piqué, la máxima referencia institucional acompañarán a la rueda de prensa de Ernesto Valverde. El argentino no aparece en rueda de prensa desde el año 2015, lo que refuerza la relevancia de su presencia.

Esta máxima implicación de estos dos líderes garantiza un compromiso superior y puede dar un giro en el pronóstico de muchos, que ponían más en valor las necesidades chés por encima de la teórica superioridad técnica de los futbolistas blaugranas.

El nivel de exigencia en un Club de la dimensión mundial del FC Barcelona lleva consigo la falta de paridad. Las consecuencias de una derrota son mucho más funestas que la consecución de una victoria que solo logra plasmar y consolidar una superioridad atribuida.

El esférico será para el FC Barcelona. Los hombres de Marcelino García Toral esperarán atrás, en un dibujo del 4-4-2 que se convierte habitualmente en un 4-5-1, con Rodrigo único referente atacante, quedando todo el resto de componente alineados por detrás del balón, bajo la dirección de Parejo.

Los hombres de Valverde no deberán perder la concentración para evitar las pérdidas de balón que originen contraataques con superioridad valencianista. No basta con llevar la dirección del juego, en una final es muy importante llevar la delantera en el marcador. No se sustenta el Barça en sus mejores registros físicos y anímicos para someterse a la necesidad de voltear resultados. Se ha de jugar con la intensidad necesaria desde el minuto cero para llevar las riendas, perforar el marco defendido por Neto y llevar el tempus del partido.

En una final hay poco margen para la rectificación, de ahí que se nade y se guarde la ropa. Las finales están para ganarlas. Aunque, en tiempo reciente, descontamos victorias blaugranas que incluyeron exhibiciones de juego. Sin ir más lejos, el 5-0 infligido al inicio de este mismo curso al Sevilla FC en Tánger en la Supercopa de España.

Hay que cuidar todos los aspectos y cerrar las vías de penetración levantinas. En esta final al “txingurri” se le juzgará más por el resultado que por el juego. Si es favor, importará menos el cómo y el peso de la estadística triunfal se impondrá al discurso manido del estilo. O así piensa nuestra pluma.

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