A bote pronto

Messi expulsado por ser quien es

Por lo común, los partidos clasificatorios para el tercer y cuarto puesto son condenados a priori, ya que se enfrentan dos equipos fracasados en su intento de acceder a la final del campeonato. De ello, se deriva un compromiso menor y el resultado acostumbra a ser la de un encuentro apático y absolutamente prescindible.

No fue el caso de este Chile-Argentina, naciones a las que separan los riscos de los Andes y con contenciosos pendientes y orgullo renovado, sin que el fútbol sea una excepción.

Chile, la actual campeona de la Copa de América hasta que hoy Brasil o Perú cojan el relevo, salió enrabietado y dominador en el juego, pero no en el resultado. Les había sorprendido la ordenada albiceleste por dos ocasiones, con goles de Agüero y Dybala. El primero por la viveza de Messi al apresurarse a servir al “Kun” en un lanzamiento de falta que el delantero resolvió previo regate al arquero. El segundo, al recoger el delantero juventino un pase filtrado y solventarlo por elevación con precisión quirúrgica.

Un dos a cero que, en los minutos finales, aminoraría Arturo Vidal desde los “once metros” con un tiro fuerte y centrado.

La noticia del partido y que registrará la historia del fútbol se produjo en el minuto 37. Gary Medel y Leo Messi se enzarzan, pecho a pecho, y el colegiado Díaz de Vivar resuelve apresurado, con la muestra conjunta de sendas tarjetas rojas, sin mediar consulta al VAR.

Todos (o casi) pensamos que esta expulsión obedece a facturas pendientes, donde la más reciente fueron las declaraciones de Messi al término del Brasil-Argentina, donde a su selección se le escamotearon dos penaltis: «Ojalá Conmebol haga algo con estas cosas, pero lo dudo porque Brasil lo maneja todo».

Díaz de Vivar es un apellido ilustre en la historia de España. De nombre Rodrigo, fue conocido como el Cid Campeador, un caballero castellano que llegó a dominar el levante español en la época de la reconquista, en las acaballas del siglo XI, cuatro centurias antes que fuera descubierto el nuevo mundo. Fue un mercenario, como soldado profesional, que se puso a las órdenes tanto de cristianos como de musulmanes. Su vida inspiró el Cantar del Mío Cid, la obra más importante de los cantares de gesta.

Otro Díaz de Vivar, de nombre Mario y nacionalidad paraguaya, fue el colegiado destinado a impartir justicia y su decisión principal dejó un reguero de sospechas.

Leo Messi no acudió a la entrega de medallas en señal de protesta y declaró: “No quiero ser parte de la corrupción”.

En los más de seiscientos partidos de Leo Messi en el FC Barcelona, su única camiseta profesional de club, nunca ha sido expulsado. El único antecedente fue también con su debut con la albiceleste hace catorce años. Un debut exprés de 47 segundos, tiempo que el futuro astro mundial, dejó el brazo para zafarse del agarrón del zaguero húngaro, impactándole en el cuello.

Esta jugada producida en el Arena Corinthians de San Paulo, feamente resulta sin consulta de la tecnología, traerá cola, para desgracia de una Conmebol que pierde credibilidad.

Para hoy el desenlace de esta final en la que pugnarán por el trofeo Brasil y Perú. Una final en la que los de Ricardo Gareca, técnico de Perú, quieren resarcirse de la goleada sufrida ante la anfitriona en la fase de grupos (5-0) y dar una sorpresa mayúscula.

Argentina festejó moderadamente una victoria de consolación en la batalla del Arena Corinthians, pero Messi la sufrió en su corazón herido.

Un colegiado, de apellido relevante, que alcanza notoriedad al expulsar al mejor jugador del mundo por ser quien es. O así piensa nuestra pluma.

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