A bote pronto

El Matchday del Barça

Una nueva polémica ha entrado con fuerza esta semana en el entorno del FC Barcelona. Se trata de la proyección de Matchday, una serie documental que “desnuda” a los futbolistas al promover imágenes comúnmente no advertidas y obtenidas en tránsitos hasta ahora secuestrados por la privacidad impuesta.

Los resultados son siempre los que cicatrizan o abren heridas y, en parte, el recorrido de esta tormenta comunicativa puede amainarse con un resultado deportivo positivo en el Wanda Metropolitano, en el partido más serio que se enfrenta el FC Barcelona en esta liga, una vez se hubo aplazado el “clásico” para el próximo 18 de diciembre.

Hoy el equipo blaugrana juega con la ya predecible necesidad de ganar para conservar el liderato, ya que el Real Madrid obtuvo una mínima y sufrida victoria a domicilio frente al Alavés, con nuevo protagonismo del VAR que no atendió como punible una caída de Aleix Vidal en el área blanca.

El estreno de la serie documental Matchday ha alterado el orden interno de los futbolistas que hasta ahora habían consagrado el vestuario y su entorno privado como espacios inaccesibles. No obstante, el caudal dinerario obra milagros y los tabúes se derrumban en base a los intereses en juego.

Se han exprimido los derechos de imagen y conjugado el fútbol insertado en la sociedad como un gran espectáculo global. De tal manera que permite su explotación comercial a modo del formato de un Gran Hermano que descubre interioridades y relaciones.

El Barça, al igual que otros grandes clubes de fútbol europeos, ha entrado en la producción de estos formatos. La diferencia es que lo ha hecho de la mano de su propia productora Barça

Studios, en tanto que otras entidades se han estimado más vender los derechos a plataformas ya consolidadas en el panorama audiovisual.

Matchday se emite en ocho capítulos de cuarenta y cinco minutos que pueden verse seguidos, cedidos a la plataforma Rakuten TV que es el primer patrocinador comercial del Club y donde la intervención de Gerard Piqué, en su condición de presidente de Kosmos, ha tenido un papel relevante. Hasta el punto que aparece en la promoción con indumentaria de gerente y no de futbolista, en esa dualidad apta para la confusión.

Estos beneficios económicos no son a coste cero y tenemos el antecedente de la producción de Sergio Ramos efectuada por Amazon Prime, que tuvo su punto álgido de conflicto cuando al jugador le grababan en las gradas del estadio Santiago Bernabéu, en la noche aciaga del curso pasado en la que el Ajax de Amsterdam pasó por encima del Real Madrid y el jugador estaba, a conveniencia, inhabilitado.

Esta semana la alfombra roja del Gran Teatre del Liceu se desplegó para asistir a la presentación de una serie en la que se ausentaron, inauditamente, los protagonistas, incluido el presidente Josep Maria Bartomeu, que debía estar aleccionado del boicot de los futbolistas.

Como no podía ser de otra manera, se le preguntó sobre el tema a Ernesto Valverde en la rueda de prensa previa al partido del estadio Wanda Metropolitano y el técnico quedó a la defensiva y con indisimulada contrariedad a las inquisiciones de la prensa, hasta el punto de calificar como interrogatorio a la demanda de opinión.

El interés de la grabación guarda un sentido proporcional al grado de incomodidad que genera. El éxito está asegurado por la novedad que representa para el aficionado suscribirse a escenarios insondables hasta ahora. Esas interioridades pueden desnudar parcialmente a los protagonistas al acceder a esferas, hasta ahora, de intimidad.

El apotegma “Lo que pasa en el vestuario se queda en el vestuario” ha pasado a mejor vida y ahora es de aplicación el aforismo “todo por la pasta”.

Se debe aceptar que esta exposición pública, al restringirse las parcelas de intimidad, produzca contrariedad en muchos y hasta enojo en otros. Son los tiempos modernos en que la telefonía móvil delata nuestra ubicación, la multitud de cámaras ocultas y públicas sitúan nuestra imagen y los micrófonos descubren nuestras conversaciones.

Las paredes oyen, sentenciaba el literato Juan Ruiz de Alarcón en la segunda década del siglo XVII. Ahora, además, ven. O así piensa nuestra pluma.

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