A bote pronto

Con Luis Rubiales llueve sobre mojado

Por fas o nefas, a Luis Rubiales le duran poco los seleccionadores. Personaje altivo, actúa a impulsos de su ego. La abrupta marcha, por cese o dimisión, del seleccionador Robert Moreno dejaba muchas dudas en el entorno.

En nuestra edición de ayer, en A Bote Pronto, ya dejamos en entredicho la versión oficial del presidente federativo: Tiempo habrá de establecer la secuencia de los hechos y de la decisión tomada en pleno derecho. Sin embargo, uno se huele que haya faltado sensibilidad y altura de miras en unos y otros. Los lloros de Robert Moreno desprenden emociones, pero también dolor”.

Rubiales es un hombre que dispara rápido. Con él no valen las amenazas, pues actúa con determinación, como ocurrió con la anterior destitución de Julen Lopetegui que contestó a su traición con el cese fulminante. Con estos antecedentes, todo hacía pensar que había una línea de conducta similar en este affaire.

Robert Moreno aún no ha dado su versión. Es normal que así sea, hasta que no se gestione el finiquito de su contrato laboral. Es joven, pero no es una persona que se deje domar fácilmente.

La primera reacción fue no acudir a la rueda de prensa posterior al partido ante Rumania y la segunda fue no presentarse a la citación de la patronal a la mañana siguiente. Optó por mandar a sus abogados.

Mientras, el protagónico Luis Rubiales, que le gusta mucho salir en los medios, como se advierten en las escenificaciones con el presidente de LaLiga, Javier Tebas, ha expuesto sus razones, con un guion que ofrece muchas dudas. En la medida de lo posible, el contraste con la versión del seleccionador en los próximos días aclarará muchas cosas, salvo que se haya comprado su silencio, circunstancia poco probable en Robert Moreno.

En síntesis, el seleccionador llevaba dos partidos reclamando su continuidad contractual, pero la Federación le daba largas pues había una palabra presidencial comprometida con Luis Enrique, el cual tenía prioridad de volver si superaba el fatal suceso que pasó por su vida, como fue la muerte por enfermedad de su hija menor.

También está compulsado el deterioro de las relaciones personales entre ambos técnicos. Moreno fue reclutado por Luis Enrique como colaborador suyo, para seguir su etapa de tres años en el FC Barcelona.

Las ambiciones personales y los intereses en juego han roto esa concordancia deportiva y nos recuerda a los casos de Carles Rexach con Johan Cruyff y de “Tito” Vilanova con Pep Guardiola, donde los maestros creyeron advertir deslealtad con sus colaboradores.

Como siempre, la verdad no es unilateral, pero en el reparto de culpabilidades aparece con fuerza el nombre de Luis Rubiales y también por extensión la del director deportivo, José Francisco Molina, aunque su crítica deba hacerse desde la pasividad ante la fuerza intervencionista de su jefe.

La noticia de la marcha de Robert Moreno fue filtrada a la prensa antes del partido y fue expandida por los medios que se hicieron cargo de la exclusiva del periodista Manu Carreño. De ahí la reacción del cesado que perdió el pulso.

De todo ello se desprende que Robert Moreno no midió sus fuerzas, ya que su bagaje de siete victorias y dos empates que clasificaron a “la roja” como primera de grupo, no fue suficiente para forzar su renovación.

En el contraste de la información, todos pueden salir perjudicados al valorar su mediación en los hechos. Puede que el que más, Luis Rubiales, que no ha sabido gestionar el trance.

Se va Robert Moreno y regresa Luis Enrique. Podía ser un proceso natural, pero se produce en un ambiente de luchas intestinas y de reproches. O así piensa nuestra pluma.

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