A bote pronto

Las dudas de Valverde

La fase de éxitos del FC Barcelona en los tiempos modernos cabe consagrarlo desde la época de Frank Rijkaard como entrenador hasta la actual de Ernesto Valverde. A todos ellos, más de tres lustros después, sobrevive Leo Messi, el mejor jugador del mundo. Al argentino le dio la alternativa el técnico holandés en sus primeros balbuceos y tuvo el respaldo de Ronaldinho como su primer referente sobre el terreno de juego.

Se consolidó un patrón de juego relacionado con el 4-3-3 que apostaba por un fútbol de ataque con posesiones de balón altas situadas lejos de la zona defensiva. Modelo que se ha santificado hasta otorgarle un sello de prestigio y de marca blaugrana.

Esta táctica atrevida tenía en Pedro Rodríguez un jugador trampa que doblaba su posición de extremo izquierda con sus ayudas al centro del campo para crear superioridad numérica. La llegada de Neymar en su lugar requirió de un tiempo de adaptación y no en las mismas condiciones. Es notorio que Neymar se sacrificaba asimismo en tareas de contención, pero no lo efectuaba con la disciplina táctica y constancia requerida.

En tiempos de Luis Enrique, se flirteó con un dibujo cambiante que tendía al 4-4-2, ya con la presencia de Rakitic de titular en detrimento de Xavi. El equipo fue más vertical y el centro del campo fue más transitorio. Y esta circunstancia se ha magnificado con el técnico vasco nacido en Extremadura.

Se encontró con la marcha de Neymar forzada por el propio jugador y la llegada en el siguiente mercado de invierno de Philippe Coutinho que ocupó su demarcación, pero lejos de desarrollar sus prestaciones. Antes había llegado precipitadamente Ousmane Dembélé que cayó lesionado de gravedad en Getafe a las primeras de cambio y sigue siendo su rendimiento en esta su tercera temporada una incógnita.

Ese tercer hombre mutante para el curso 2019-20 es Antoine Griezmann, de la escudería de Cholo Simeone, lo cual le acredita como un peón sacrificado, aunque con categoría – y coste – de estrella. Fue una petición de Valverde que llegó con un año de retraso a la fecha prevista, por el cambio de parecer del jugador que dio un paso atrás en última instancia.

El delantero francés está en fase de adaptación y no ayuda las dudas de Valverde en otorgarle una ubicación y con el hándicap ya previsible de que su mejor posición coincide con la que ocupa Leo Messi. El técnico, también movido por las lesiones, le ha empleado en los tres puestos de la delantera con resultado deficiente.

Estas dudas de Valverde se extienden en el tupido centro del campo, con muchos futbolistas para escoger y donde dos de ellos, Rakitic y Aleñá han perdido la partida. El croata en extraña decisión que parece consensuada con la directiva que promueve una operación de venta para hacer caja y nivelar balances económicos.

En esa media el único titular fijo es el nuevo fichaje Frenkie De Jong, sin embargo, sin posición fija pues alterna los dos puestos de interior y de medio centro. Arthur Melo y Arturo Vidal, jugadores muy contrapuestos, se disputan un puesto. Y queda Sergio Busquets que ha perdido su condición de imprescindible, además de Sergi Roberto, cuando no es requerido para el lateral.

En la línea defensiva y en la portería quedan definidas las posiciones y la elección de hombres con Ter Stegen, Semedo, Piqué, Lenglet y Alba, solo alterada por las lesiones y alguna rotación programada.

Si los cursos pasados a Valverde se le acusaba de inmovilismo, por su ratificación en la elección de los mismos hombres, esta temporada ocurre todo lo contrario y el medio campo y la delantera es todo un galimatías, con constantes pruebas en busca de la excelencia. Y las críticas viene dada por tantos movimientos que se antojan provienen de decisiones poco trabajadas en los entrenamientos.

Fijar la posición ideal para De Jong y encajar a Griezmann son los problemas más apremiantes para que la plantilla dé un salto de calidad con respecto a la del curso pasado. O así piensa nuestra pluma.

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