A bote pronto

La venta de Coutinho, necesidad o conveniencia

Se da por descontado que el FC Barcelona se desprenderá de Philippe Coutinho, fichaje del mercado de invierno del curso 1917-18 por el que se pagó al Liverpool la friolera de una cantidad fija de 120 millones de euros, más unos importes variables de 40 millones. Ello puede representar un monto de 160 millones, lo que significa que es la inversión más alta del fútbol español, a la par, ahora, de la realizada por el Real Madrid con la contratación del “blue” del Chelsea, Eden Hazard.

El fichaje de Coutinho vino avalado por su secretario técnico, en aquel entonces Robert Fernández. Venía a cubrir la anunciada ausencia de Andrés Iniesta, por lo que se descontaba su posición en el campo de centrocampista. En esa franja natural, no ha convencido a Ernesto Valverde, que ha visto y sufrido como el equipo se rompía por falta de equilibrio en la medular.

No es el carioca un jugador con voluntad defensiva y seguimiento a su par cuando no tiene el balón y ello llevó al técnico a asignarle puesto como tercer delantero escorado a la izquierda, en un dibujo de 4-3-3 con el que acostumbra a jugar el Barça, más por predicamento institucional que por convencimiento del titular del banquillo, más cómodo en un esquema más conservador que representa el 4-4-2.

Coutinho ni es Iniesta ni es Neymar. Con destellos de uno y otro, ha cubierto la doble ausencia de forma harto discreta para un jugador con ficha top, que cobra 13,5 millones anuales de ficha. El jugador está en crisis anímica prolongada y acusa las muestras de desagrado de una grada que se siente decepcionada con el rendimiento deportivo del jugador. Esta falta de empatía se puso de manifiesto en el Camp Nou, cuando el futbolista se encaró con el público para festejar una acción propia de gol.

Si no es extremo natural y no cubre las exigencias que se requieren para ocupar plaza en la medular. El problema, no resuelto por el entrenador, es crear un ecosistema donde el talento indiscutible del jugador tenga cabida. Para ello, se requiere un mayor contacto con el balón, con un orden en el tablero que solo Leo Messi está autorizado a desmontar. Esa ha sido una difícil asignatura que el “txingurri” no ha aprobado.

El inminente fichaje de Antoine Griezmann, como delantero que gusta atacar por detrás del “nueve”, complica aún más el futuro del brasileño. El francés es más maleable para adaptarse a las necesidades del equipo. Además, tiene más instinto goleador y no le faltan recursos técnicos. Llegará con el aprendizaje de la escuela de “El CholoSimeone, donde el sacrificio y la lucha son virtudes esenciales e innegociables.

Y, sobre el horizonte, otea la vuelta de Neymar al que el qatarí Nasser Al-Khelaïfi, presidente del París Saint-Germain, le ha abierto la puerta de salida, pero no a cualquier precio. Obviamente los tres gallos, junto a Leo Messi y Luis Suárez, no caben en el mismo gallinero, aunque más por economía y gestión de egos que por razones deportivas.

Coutinho, veintisiete años recién cumplidos, tiene todos los números para causar baja en la plantilla. El Club y el jugador están de acuerdo que la salida es la solución más favorable para las partes. El Barça puede beneficiarse de su revalorización en esta Copa América, donde la lesión en la previa de Neymar le da protagonismo al de Río de Janeiro. Debutó con dos goles en la cómoda victoria ante Bolivia y ello debe alzarle la moral quebradiza de un ser cogitabundo y apático sobre el terreno de juego.

El P.S.G. si se fuera Neymar, el Chelsea para cubrir la ausencia de Hazard, el Tottenham para compensar la posible marcha de Eriksen, el Liverpool para repescarlo y el Manchester United para reforzarse, son los clubes dispuestos y con capacidad económica para optar al fichaje. O así piensa nuestra pluma.

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