A bote pronto

La Supercopa de España emigra a Arabia Saudí

Todo necio confunde valor y precio, lo sentenciaba el gran poeta Antonio Machado y la frase cobra actualidad con la decisión de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y de su presidente Luis Rubiales de otorgar la sede a Arabia Saudí para celebrar la Supercopa de España.

Para ello ha sido preciso que la competición haya cambiado su formato. Con el criterio actual debían jugarla el campeón de Liga y el campeón de la Copa del Rey, en este caso, el FC Barcelona y el Valencia CF.

Se establece la fórmula de la “Final Four” implantada en otros deportes y esta ampliación permite la participación de dos equipos que no conquistaron la gloria del triunfo. Casualmente o no, se corresponden con los equipos de Madrid, el Atlético y el Real Madrid, clasificados en segunda y tercera posición en liga y eliminados prematuramente de la Copa.

Se jugará en el mes de enero, recién superada la fecha de Epifanía y el sorteo ha propiciado la posibilidad de otro “clásico”, a menos de un mes del que se haya celebrado en el Camp Nou, en el marco de la liga y que fue aplazado en octubre por razones de seguridad poco y mal justificadas.

Luis Rubiales ha reconocido la participación en las negociaciones de Kosmos, empresa cuyo principal accionista es Gerard Piqué. El mismo que faculta el contrato de Rakuten con el FC Barcelona o lleva a cabo la transformación de la Copa Davis de Tenis en un torneo circunscrito en las fechas y con sede única. Por dos años será la ciudad de Madrid la elegida.

Piqué que juega en una entidad que “es más que un Club” es también “más que un jugador”, al ejercer unas facultades que le habilitan para prestar servicios en otras esferas.

Esta emigración de la Copa ya cuenta con el antecedente de Tánger el curso pasado, cuando la disputaron en la ciudad marroquí, antigua colonia española, el FC Barcelona y el Sevilla FC con triunfo del cuadro catalán, con goles precisamente de Piqué para empatar y Dembélé para cerrar el marcador.

La RFEF ha vendido los derechos por tres años por un precio oscilante entre los 35 y 40 millones anuales. En este primer año de contrato, no se han atendido los méritos deportivos sino el historial, de manera que el Real Madrid cobrará nueve millones de euros, los mismos que el campeón de Liga y vencedor de la última edición de la Supercopa. En el entretanto, el campeón de Copa, el Valencia CF, percibirá unos ingresos inferiores incluso que el Atlético, por lo cual se ha sentido justamente agraviado.

La elección de un país que vulnera sistemáticamente los derechos humanos no tiene otro fundamento que el interés económico y da cuenta de la perturbación de valores que padece la sociedad arábiga.

Es un país señalado por la ONU por la discriminación que sufren las mujeres, por la pena de muerte establecida en su justicia aplicada, por las torturas practicadas a detenidos, entre otras graves transgresiones.

Recientemente se ha permitido la asistencia de las mujeres a los estadios de fútbol con accesos restringidos, pero dentro de un sometimiento que lleva implícita la servidumbre hacia el hombre.

Bajo todas estas precariedades, impropias e inaceptables en una sociedad del siglo XXI, la Real Federación Española de Fútbol quebranta el libro de estilo y obra inconsecuentemente, para subvertir los valores del deporte al vil interés mercantil. Ni ética, ni estética. O así piensa nuestra pluma.

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