A bote pronto

La casa blanca de tócame Roque

Este sábado España jugó el encuentro clasificatorio para la Eurocopa -2020 contra Noruega. Los jugadores de “la roja” se durmieron en los laureles en un segundo tiempo que empezaron de la mejor manera posible. Con gol de Saúl Ñíguez que pasaportó a la red la asistencia de Busquets, pero cedieron terreno y tanto va el cántaro a la fuente que los nórdicos empataron por un penalti cometido por Kepa, que calculó mal la salida, en el último minuto del tiempo de prolongación.

Este resultado solo tiene el inconveniente de aplazar la clasificación de España, que probablemente se producirá en el primero de los dos partidos que le restan en la liguilla. También perjudicó la efeméride de Sergio Ramos, que rompía el techo de los 167 entorchados internacionales que ostenta Iker Casillas.

A estas alturas nadie puede dudar de las facultades futbolísticas de Ramos que se han venido acrecentando a lo largo de su extensa carrera. Ha sido un gran defensa que en los últimos años ha ido a menos y que ha compensado con la calidad en la creación y su facilidad de remate con la testa, además de hacerse especialista en el lanzamiento de penaltis, que ejecuta con destreza y con amplitud de recursos.

En marzo cumplirá 34 años, edad fronteriza con la jubilación y, en cualquier caso, con la retirada de la primera línea competitiva. No obstante, el camero pretende prolongar al máximo su protagonismo en el Real Madrid y en la selección nacional y nos sorprende a todos con su declaración de intenciones de disputar las Olimpiadas de Tokio-2020, además de estar presente en la Eurocopa de naciones del mismo año.

El fútbol profesional estuvo ausente de las citas olímpicas y solo era representado por el amateur desde el año 1936, por lo que se convirtió en un deporte secundario en la gran cita cuatrienal. El fútbol tiene su propia dimensión a través de sus Mundiales cuyas celebraciones se disputan en los años pares alternos a las Olimpiadas. En éstas, los países envían a sus promesas con el límite de edad de 23 años, aunque se admite la convocatoria de tres deportistas de cualquier edad, en una concesión poco entendible.

Bajo esa premisa, Ramos pretende figurar en el listado. Tendrá la oposición de su Club, que vería perjudicados sus intereses y puede mover hilos para que esta gracia no se lleve a cabo. No ha pensado el defensa que su inclusión lastima las lícitas aspiraciones de otros compañeros que, habiendo procurado activamente la clasificación de España, han rebasado la frontera de edad. Se hallan nueve futbolistas en esas condiciones y, para tres de ellos, deberían ser las tres plazas optantes, siempre que se atiendan con criterios de méritos deportivos.

La ambición de Ramos se produce con desmesura y no se conforma con los Mundiales de Fútbol y las Eurocopas. Sus intereses pasan por delante de su Club y de compañeros de profesión. Más exacto sería referirnos con el sustantivo de egoísmo.

Florentino Pérez tiene una patata caliente encima de su mesa de despacho, si la Federación no le echa un cable y se pronuncia negativamente al aldabonazo de Ramos. En el año 2006, el presidente abandonó la nave en su primera etapa, dinamitado por los caprichos de sus galácticos. En esta colección de cromos estaban Ronaldo, Zidane, Figo, Beckham, Roberto Carlos, …

El defensa brasileño ha salido a la palestra en una entrevista para rememorar las exigencias de éstos, que ponían en jaque a los entrenadores de la época. Así cita a Camacho y Luxemburgo, el primero pretendía poner los entrenamientos a las siete de la mañana, casi a la hora de retirada de algunos de sus fiestas, mientras el brasileño se empecinaba vanamente de retirar el vino y las cervezas en los ágapes de las concentraciones. Ambos técnicos duraron lo que un caramelo a la puerta de un colegio.

Florentino Pérez, en esta su segunda etapa transita en la misma dificultad. Los triunfos europeos madridistas han acomodado a sus futbolistas que litigan por privilegios. Por eso se marchó el entrenador Zidane, sin que se sepa las razones de su vuelta.

Sergio Ramos siempre ha sido un personaje conflictivo. Tanto para sus rivales por su proceder en los terrenos de juego tantas veces ajeno a los modales deportivos, como sus relaciones en el Club de Concha Espina. Sus renovaciones contractuales, llevadas por su hermano René Ramos, han sido siempre muy complicadas por sus altas contrapartidas económicas exigidas.

En la memoria colectiva internacional, no se olvida la lesión de Mohamed Salah, a las primeras de cambio, por una acción defensiva de Ramos en la final de la Champions League de hace dos ediciones que desfiguró la contienda frente al Liverpool.

En la memoria del presidente blanco está su tarjeta provocada en Amsterdam, dando por descontada la clasificación de su equipo. En el partido de vuelta, mientras grababa un retribuido documental para Amazon desde la tribuna, su equipo sufría una hecatombe sobre el terreno de juego que le conducía a la eliminación.

La petición de Sergio Ramos es otra piedra en el camino, pero este Florentino Pérez más resabiado la sorteará, con la ayuda probable de la Federación Española de Fútbol. Aunque en esta casa blanca de tócame Roque nada es seguro. O así piensa nuestra pluma.

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