A bote pronto

Ivan Rakitic y Keylor Navas

Al final ha habido ruido y nueces en este mercado de invierno ya finito, aunque ha faltado el aldabonazo final. Se esperaba el tour de force de Josep Maria Bartomeu por conseguir a Neymar para el Barça y el golpe de autoridad de la cartera del Madrid de Florentino Pérez.

El FC Barcelona ha registrado cinco altas y ocho bajas. De relevancia, entre las primeras, las adquisiciones de las fichas de Griezmann y de De Jong; en el capítulo de desprendimientos solo destaca la implorada de Coutinho y la del fugaz Malcom.

El Real Madrid no ha conseguido desprenderse de Gareth Bale, que ahora vuelve a brillar en lo bueno, con goles en el inicio, y destacar en lo malo, con su última y estúpida expulsión.

Queremos destacar por significativos los casos de Ivan Rakitic y Keylor Navas, con un denominador común y un desenlace distinto. Sus clubes, Barça y Madrid han querido desprenderse de sus servicios con distinto final.

Ya es el segundo año que la directiva culé ponía al croata en el mercado con el deseo de aliviar la tesorería para otras operaciones. El jugador siempre ha mostrado inequívocamente su voluntad de cumplir el contrato y sobre el terreno de juego ha mostrado actitud y aptitud óptimas.

Si el primer año tuvo el apoyo incondicional de su entrenador Valverde, que expresó públicamente la importancia del jugador en el proyecto y lo ratificó con la utilización del futbolista en más de cincuenta partidos, en esta nueva campaña el discurso ha variado sustancialmente, alineándose en favor de las intenciones de la empresa.

Lo dejó bien claro en rueda de prensa el txingurri al afirmar que este año el croata lo tenía más difícil porque había más competencia y había pasado un año más y ponía la incertidumbre con un “ya veremos” respecto al aprovechamiento deportivo del jugador. En las tres jornadas de liga, ha sido suplente por voluntad del técnico y solo jugó un ratito en el partido de San Mamés.

A última hora, el jugador aceptó su situación y se mostró activo para su traspaso, con principal destinación al scudetto. Sin embargo, llegó tarde y las ofertas económicas no atendían los deseos blaugranas. Sacrificó, para activar su futuro, su presencia en la selección.

Se trata de un jugador querido por la afición y que presenta una hoja de servicios inmaculada, tanto en el terreno de juego como fuera de él, si no se considera la visita a Sevilla después del fiasco ante el Liverpool con unas fotos festivas improcedentes, de las cuales Rakitic reconoció su error y cuya importancia fue muy relativa.

El jugador se ve serio y legítimamente herido en su orgullo profesional. El Barça ha pretendido utilizarlo como moneda de cambio, sin atender los compromisos firmados y su voluntad de permanencia, avalada por un alto rendimiento.

En la otra acera, a más de seiscientos kilómetros se produjo un caso similar con el cancerbero costarricense Keylor Navas, artífice principal de las tres últimas Champions League conquistadas por el Real Madrid.

En contra de la voluntad del entrenador Zidane, el curso pasado el presidente plenipotenciario Florentino Pérez le fichó a Thibaut Courtois con etiqueta de titular. El belga no ha mostrado su calidad y su rendimiento del curso pasado fue discutido. En este empieza en esa misma línea de irregularidad, quedando retratado en algunos de los goles encajados por su equipo. Sin ir más lejos, en los dos últimos de Villarreal este pasado domingo.

Keylor Navas quiso cumplir su contrato y en las oportunidades que le ofreció su entrenador mejoró prestaciones que, sin embargo, no le valieron para recuperar una titularidad que no perdió en los terrenos de juego. A última hora, se concretó su marcha al P.S.G. y se hace realidad el empecinamiento de su secretario técnico in corpore.

Rakitic y Navas han sido psicológicamente maltratados por sus clubes, que no han tenido en cuenta su calidad contrastada, ejemplo de profesionales. Al ex madridista le toca pasar página, al barcelonista le corresponde hablar sobre la hierba con la camiseta blaugrana y estamos seguros que reivindicará su jerarquía, injustamente cuestionada.

Los intereses puntuales de los clubes llevan, a veces, a considerar a su principal activo humano como mercancía. Rakitic y Navas son un ejemplo. En el fútbol profesional se mueve mucho dinero del que se benefician sus principales estrellas, pero también ofrece comportamientos humanos discutibles.

Ivan Rakitic y Keylor Navas, privilegiados asalariados, han sufrido un trato humano impropio y descorazonador. O así piensa nuestra pluma.

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